La masonería habla en símbolos. No porque quiera ocultarse —ese es el malentendido más extendido sobre la orden—, sino porque el símbolo comunica de una manera que el concepto abstracto no puede. Un símbolo se recuerda. Impacta emocionalmente. Y sobre todo, se puede interpretar en múltiples niveles según la madurez de quien lo contempla.
Un aprendiz masón que ve por primera vez la escuadra y el compás los percibe como herramientas de construcción. Un compañero empieza a descubrir en ellos una filosofía de vida. Un maestro los lee como una síntesis completa de la ética masónica. El mismo símbolo, tres lecturas. Eso es precisamente lo que hace poderoso al simbolismo masónico.
Esta guía recorre los símbolos masónicos más importantes, con ilustraciones originales, explicando su origen, su significado y por qué siguen siendo relevantes tres siglos después de que los primeros masones especulativos los adoptaran de los gremios medievales de constructores.
«Los símbolos masónicos son el lenguaje que los iniciados han usado durante siglos para transmitir verdades que las palabras solo pueden aproximar.» — Tradición masónica
Índice
- La escuadra y el compás: el símbolo universal
- La letra G: geometría y Gran Arquitecto
- El ojo que todo lo ve: la conciencia vigilante
- La piedra bruta y la piedra cúbica: el trabajo interior
- El mazo y el cincel: voluntad e inteligencia
- La plomada y el nivel: rectitud e igualdad
- Las columnas J y B: las puertas del templo
- El Templo de Salomón e Hiram Abiff
- El sol y la luna: la dualidad universal
- El mandil masónico: la insignia del trabajo
- El diluvial y la regla de veinticuatro pulgadas
- La estrella de cinco puntas y el pentagrama
- El árbol de la vida y la cábala en la masonería
- Los números sagrados masónicos: 3, 5 y 7
- Guía rápida: tabla de símbolos y significados
1. La escuadra y el compás: el símbolo universal de la masonería
Si hay un símbolo que identifica a la masonería en todo el mundo, es este: la escuadra y el compás entrelazados, a menudo con la letra G en el centro. Aparece en puertas de logias, joyas masónicas, portadas de libros y grabados históricos desde hace tres siglos. Su reconocimiento trasciende culturas, idiomas y continentes.
Pero ¿qué significan exactamente? Para responder bien a esa pregunta hay que entender de dónde vienen: son herramientas reales de la construcción medieval. Los masones operativos del siglo XII usaban la escuadra para trazar ángulos rectos y el compás para trazar arcos y círculos. Cuando los masones especulativos del siglo XVII adoptaron estas herramientas como símbolos, las cargaron de un significado moral que va mucho más allá de su uso técnico original.
La escuadra: el mundo de las acciones
La escuadra forma un ángulo recto perfecto: noventa grados exactos, sin desviación posible. En el simbolismo masónico representa la rectitud moral, el cumplimiento del deber y la justicia en las relaciones humanas.
La escuadra es el símbolo del mundo material: nuestras acciones concretas, medibles, observables. Cuando un masón actúa con rectitud —cuando trata a los demás con justicia, cumple sus compromisos, no miente ni engaña—, está «cuadrando su conducta». La escuadra le recuerda que debe medir cada acción con el mismo rigor con que el constructor medieval medía la perpendicularidad de una pared.
En las tenidas masónicas, la escuadra es el atributo del Venerable Maestro, el presidente de la logia. Llevar la escuadra es un recordatorio permanente de la responsabilidad moral que implica ejercer cualquier forma de autoridad.
El compás: el mundo del pensamiento
El compás describe círculos: figuras perfectas, sin principio ni fin. En el simbolismo masónico representa la moderación, la sabiduría y la capacidad de circunscribir los deseos dentro de límites razonables.
Si la escuadra rige las acciones, el compás rige el pensamiento. Representa la capacidad de pensar con precisión, de delimitar lo esencial de lo accesorio, de trazar el círculo de lo que un ser humano puede legítimamente desear sin dañar a los demás. La famosa frase masónica «circunscribir los deseos» viene directamente del símbolo del compás.
Juntos, escuadra y compás representan el equilibrio entre materia y espíritu, entre acción y reflexión, entre lo que hacemos y lo que pensamos. Es el ideal masónico resumido en dos herramientas.
«La escuadra rige las acciones, el compás circunscribe los deseos. Quien equilibra ambos ha encontrado el camino.» — Enseñanza del primer grado masónico
2. La letra G: geometría y Gran Arquitecto
La letra G que aparece frecuentemente en el centro del símbolo de la escuadra y el compás tiene una doble lectura que revela la naturaleza dual de la masonería: intelectual y espiritual a la vez.
G de Geometría
La primera lectura es técnica e histórica: G es la inicial de Geometría, la ciencia madre de todas las artes y oficios según la tradición masónica. Los masones medievales consideraban la geometría el fundamento de todo conocimiento útil: sin geometría no hay arquitectura, sin arquitectura no hay civilización, sin civilización no hay humanidad organizada.
En las logias de los siglos XVII y XVIII, dominados por el pensamiento ilustrado, la geometría representaba también el triunfo de la razón sobre la superstición: la capacidad del ser humano de comprender el mundo a través de sus propias facultades intelectuales, sin necesidad de revelación divina.
G del Gran Arquitecto del Universo
La segunda lectura es espiritual: G es la inicial del Gran Arquitecto del Universo (G.A.D.U.), el nombre que la masonería da al principio superior creador. Este concepto es deliberadamente amplio e integrador: cada masón lo interpreta según su propia tradición religiosa o filosófica. Un cristiano lo llama Dios, un musulmán Alá, un deísta la razón universal que rige el cosmos.
La letra G en el centro del símbolo masónico recuerda al iniciado que su trabajo de perfeccionamiento no se realiza en el vacío: se realiza en el contexto de un universo que tiene orden, estructura y sentido, igual que el templo tiene planos y proporciones.
3. El ojo que todo lo ve: la conciencia vigilante
El ojo de la Providencia dentro del triángulo iluminado — símbolo de la conciencia moral masónica
Pocas imágenes generan tanta fascinación —y tanto malentendido— como el ojo que todo lo ve. Lo hemos visto en el billete de un dólar, en monumentos y edificios de todo el mundo, en portadas de libros y series sobre conspiraciones. Para quienes buscan sociedades secretas en todos los rincones de la historia, es la prueba definitiva del poder oculto masónico.
La realidad es bastante más austera, y bastante más interesante que cualquier conspiración.
Un símbolo de cuatro mil años
El ojo que todo lo ve es uno de los símbolos más universales de la historia humana. Lo encontramos en el antiguo Egipto, como el ojo de Horus. En la tradición cristiana medieval, como símbolo de la omnisciencia divina. En el arte islámico, como representación de la vigilancia de Alá. La masonería no inventó este símbolo: lo adoptó de una tradición simbólica universal y lo reinterpretó con su propio significado.
El significado masónico: la conciencia, no la vigilancia
Dentro de la logia masónica, el ojo que todo lo ve tiene un significado preciso y esencialmente moral: no representa a un Dios vigilante que castiga las transgresiones, sino a la conciencia moral del propio masón. Es un recordatorio de que cada acción, cada pensamiento, cada decisión es observada —no por una fuerza externa punitiva— sino por la parte más lúcida y honesta de uno mismo.
El triángulo que rodea el ojo es igualmente significativo. El triángulo equilátero —con sus tres lados iguales— representa la perfección geométrica, la Trinidad para los masones de tradición cristiana, o simplemente la armonía entre el pensamiento, la palabra y la acción. El ojo dentro del triángulo fusiona la vigilancia moral con la aspiración a la perfección.
¿Por qué está en el dólar americano?
La presencia del ojo de la Providencia en el billete de un dólar estadounidense —en el reverso del Gran Sello, adoptado en 1782— ha alimentado durante décadas la teoría de que los masones fundadores de Estados Unidos lo introdujeron como firma de su poder. La realidad histórica es más mundana: el símbolo fue propuesto por Charles Thomson y William Barton, que no eran masones, como representación de la vigilancia divina sobre la nueva nación. La masonería no tuvo nada que ver con su inclusión en el sello.
El ojo que todo lo ve no es una cámara de vigilancia cósmica. Es un espejo. Te recuerda que siempre te estás observando a ti mismo, aunque cierres los ojos.
4. La piedra bruta y la piedra cúbica: el trabajo interior
De todos los símbolos masónicos, este es quizás el más filosóficamente rico y el más directamente aplicable a la vida cotidiana. No requiere iniciación ni conocimiento previo para entenderse: su belleza reside en su simplicidad.
La metáfora central de la masonería
Cuando un candidato ingresa en la masonería, la tradición le presenta dos piedras. La primera es la piedra bruta: irregular, llena de aristas, áspera al tacto, imperfecta. La segunda es la piedra cúbica: perfectamente labrada, con sus seis caras planas y sus doce aristas rectas, lista para integrarse en cualquier construcción. Son la misma piedra en dos momentos distintos de su historia.
El mensaje es transparente: el candidato es la piedra bruta. No porque sea una mala persona, sino porque ningún ser humano nace perfectamente formado. Tenemos vicios, miedos, prejuicios, iras, vanidades. Somos piedras brutas. El trabajo masónico —los rituales, los debates filosóficos, el ejemplo de los hermanos, la reflexión personal— es el proceso de labrar esa piedra.
¿Qué significa «trabajar la piedra»?
La masonería nunca define con precisión en qué consiste ese trabajo interior, y eso es deliberado. Cada masón debe descubrir cuáles son sus propias aristas, sus propios defectos, sus propias limitaciones. Para uno será el orgullo; para otro, la ira; para un tercero, la falta de honestidad o la cobardía. La masonería proporciona el marco —los valores, los rituales, los hermanos— pero el trabajo es de cada uno.
Lo que sí define la masonería es el objetivo: la piedra cúbica perfecta. Un ser humano equilibrado, justo, moderado, prudente y fraternal. Alguien que ha pulido sus ángulos más ásperos sin perder su forma esencial, del mismo modo en que el maestro cantero labra la piedra sin destruirla.
Por qué esta metáfora sigue siendo poderosa
Tres siglos después de que los primeros masones especulativos adoptaran este símbolo, sigue siendo extraordinariamente relevante. En un mundo que promete transformaciones instantáneas, que vende perfección en treinta días, que confunde el cambio de imagen con el cambio de carácter, la idea masónica de que el perfeccionamiento es un trabajo lento, paciente y nunca completamente terminado tiene algo de profundamente contracultural y, precisamente por eso, de profundamente honesto.
El trabajo sobre la piedra bruta no tiene fecha de finalización. La piedra cúbica perfecta es un horizonte, no una meta. Eso es exactamente lo que la hace digna de perseguir.
5. El mazo y el cincel: voluntad e inteligencia
El mazo y el cincel son las dos herramientas que el masón de primer grado lleva consigo en su trabajo sobre la piedra bruta. No por casualidad son dos: el principio masónico fundamental es que ninguna virtud sola es suficiente.
El mazo: la voluntad de cambiar
El mazo es el instrumento de la fuerza. Su función es clara: golpear el cincel para arrancar fragmentos de la piedra. En el simbolismo masónico representa la voluntad, la determinación, la energía interior que impulsa al masón a trabajar sobre sí mismo.
Sin mazo no hay trabajo posible. La persona que no tiene voluntad de cambiar, que se conforma con sus defectos, que no tiene la energía para enfrentarse a sus propias sombras, nunca labrará su piedra bruta. La voluntad es el motor indispensable del perfeccionamiento.
Pero el mazo solo, sin cincel, es destructivo. Un golpe de mazo sin dirección rompe la piedra en lugar de labrarla. De ahí la necesidad del segundo instrumento.
El cincel: la inteligencia que dirige
El cincel es el instrumento de la precisión. Su función es concentrar la fuerza del mazo en un punto exacto, con la dirección correcta. En el simbolismo masónico representa la inteligencia, el discernimiento, la capacidad de saber dónde aplicar el esfuerzo.
Sin cincel, la voluntad se convierte en violencia. Con cincel y sin mazo, la inteligencia permanece inerte. La masonería insiste en la necesidad de ambos porque su antropología es realista: el ser humano que solo tiene voluntad sin inteligencia causa daño; el que solo tiene inteligencia sin voluntad no actúa. La sabiduría consiste en hacer trabajar a los dos juntos.
6. La plomada y el nivel: rectitud e igualdad
La plomada: vivir en vertical
La plomada es uno de los instrumentos de medición más antiguos de la historia humana. Consiste en un peso suspendido de un hilo que, por efecto de la gravedad, siempre cae perfectamente en vertical. Los constructores la usaban para verificar que las paredes eran perfectamente perpendiculares.
En el simbolismo masónico, la plomada representa la coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. El masón que «vive en plomada» es aquel cuya conducta es tan recta y tan predecible como la vertical que marca la plomada. No dice una cosa y hace otra. No tiene una moral pública y una privada distintas. Es el mismo en la logia que en la calle, con sus hermanos que con sus enemigos.
La plomada es también el atributo del Primer Vigilante de la logia, uno de los cargos más importantes, que tiene la responsabilidad de velar por la rectitud de los trabajos.
El nivel: todos somos iguales
El nivel es el instrumento que verifica la horizontalidad: que dos puntos están a la misma altura, que una superficie está perfectamente plana. En el simbolismo masónico representa uno de los valores más radicales de la orden: la igualdad esencial de todos los seres humanos.
El nivel masónico dice que, en la logia, nadie está por encima ni por debajo de nadie. El príncipe y el obrero, el médico y el campesino, el rico y el pobre se sientan en el mismo banco. Sus títulos, sus fortunas y sus rangos sociales se quedan en la puerta. Lo que cuenta dentro de la logia es el carácter.
Esta igualdad no era una abstracción poética en el siglo XVIII: era una afirmación profundamente subversiva en una sociedad de estamentos, donde cada persona nacía en una jerarquía fija e inmutable. La logia masónica fue, en muchos sentidos, el primer espacio institucionalizado de igualdad en la historia moderna de Occidente.
7. Las columnas J y B: las puertas del templo
Cualquier persona que entre en una logia masónica verá, flanqueando la entrada, dos columnas con las letras J y B. Son las columnas Jaquín y Boaz, y su presencia en el espacio masónico viene directamente de la Biblia y de la leyenda del Templo de Salomón.
El origen bíblico
Según el Primer Libro de los Reyes (7:21), el rey Salomón mandó erigir dos columnas de bronce en el pórtico del Templo de Jerusalén. A la columna de la derecha le puso el nombre de Jaquín, y a la de la izquierda, Boaz. Los significados hebreos de estos nombres son reveladores:
- Jaquín significa «él establecerá» o «él fundará con firmeza». Es la columna de la estabilidad, la continuidad, el orden que persiste en el tiempo.
- Boaz significa «en él la fuerza» o «por la fuerza». Es la columna de la energía, el poder activo, la voluntad que transforma.
La dualidad que representan
Las dos columnas representan una de las dualidades fundamentales del pensamiento masónico: la tensión entre lo permanente y lo dinámico, entre la tradición y el cambio, entre la ley y la fuerza que la aplica. Una logia que solo tuviera Jaquín sería rígida e inmóvil. Una que solo tuviera Boaz sería caótica e ingobernable. La sabiduría masónica consiste en mantener el equilibrio entre las dos.
Entrar en la logia pasando entre las dos columnas es un acto simbólico: el masón que cruza ese umbral acepta la responsabilidad de mantener ese equilibrio en su propia vida, entre la firmeza de sus principios y la energía de su acción.
8. El Templo de Salomón e Hiram Abiff: el mito iniciático central
El Templo de Salomón no es solo un edificio histórico para la masonería: es el gran símbolo de la humanidad perfeccionada. Y la historia de su arquitecto, Hiram Abiff, es el mito iniciático central de la orden, la narración que da sentido al ritual más importante de la masonería.
El templo como metáfora
La masonería utiliza el Templo de Salomón como metáfora en dos niveles simultáneos. En el nivel colectivo, el templo es el símbolo de la sociedad ideal que la humanidad aspira a construir: justa, ordenada, bella, duradera. En el nivel individual, el templo es el símbolo del ser humano perfeccionado: el masón que ha completado su trabajo sobre la piedra bruta y cuyo carácter es digno de integrarse en esa gran construcción colectiva.
Es característico el pavimento de las logias, otro de los grandes símbolos de la masonería, con baldosas blancas y negras.
La leyenda de Hiram Abiff
Hiram Abiff es el gran arquitecto del Templo de Salomón, según la leyenda masónica. Maestro de maestros, poseía los secretos más profundos del arte de construir y estaba comprometido a no revelarlos sino a quienes los hubieran ganado con trabajo y mérito.
Según la narración ritual, tres compañeros que querían obtener esos secretos sin haberlos ganado confrontaron a Hiram Abiff y lo asesinaron al negarse a revelarlos. Su muerte y su posterior búsqueda y redención es el núcleo del ritual del tercer grado, el grado de maestro masón, la experiencia más intensa y significativa de la vida masónica.
La leyenda de Hiram enseña una verdad tan sencilla como profunda: hay cosas que no se pueden obtener por la fuerza ni por el engaño. El conocimiento verdadero, la sabiduría real, la madurez moral solo se alcanzan a través del trabajo honesto y el tiempo. Nadie puede arrancártelas ni puedes arrebatárselas a nadie.
9. El sol y la luna: la dualidad universal
En todas las logias masónicas, a los lados del Venerable Maestro, se colocan dos candelabros que representan el sol y la luna. Son dos de los símbolos más universales de la humanidad, y la masonería los ha incorporado con un significado que trasciende su interpretación astronómica.
El sol: la razón y la luz del conocimiento
El sol representa en el simbolismo masónico la razón, la claridad intelectual, el conocimiento que ilumina lo que estaba en la oscuridad. Es el principio activo, masculino, diurno. En muchas logias se asocia con el primer vigilante, que tiene la responsabilidad de instruir a los masones.
El sol es también el símbolo del maestro masón en su función de guía: quien ha recorrido el camino del aprendiz al maestro porta una luz que puede iluminar el camino de los que vienen detrás.
La luna: la intuición y la luz reflejada
La luna no genera su propia luz: la refleja. En el simbolismo masónico este detalle es significativo: representa la intuición, la sabiduría recibida de la tradición, el conocimiento que no nace de la razón propia sino de la herencia acumulada de los que vinieron antes.
La luna es el principio receptivo, el que escucha y asimila antes de actuar. En las logias se asocia con el segundo vigilante, cuya función es velar por los trabajos con una atención más intuitiva y receptiva que analítica.
El equilibrio de los contrarios
Sol y luna juntos representan la enseñanza masónica fundamental sobre los opuestos: no son enemigos, son complementarios. La razón sin intuición es ciega a lo que no puede medir. La intuición sin razón es crédula ante lo que no puede verificar. La masonería propone integrar ambas, del mismo modo que el día y la noche se suceden para formar el ciclo completo de la existencia.
10. El mandil masónico: la insignia del trabajo
El mandil masónico es, junto con la escuadra y el compás, el símbolo más característico de la orden. Es la prenda que todos los masones llevan en las tenidas, independientemente de su grado, cargo u obediencia. Y a diferencia de muchos símbolos masónicos, su origen no es metafórico: es completamente literal.
Los masones operativos medievales llevaban mandiles de cuero para proteger su ropa y su cuerpo de la piedra, el polvo y las herramientas. Cuando los masones especulativos adoptaron el simbolismo de los constructores, el mandil pasó de ser una prenda de trabajo a ser una insignia de honor. Llevar el mandil en la logia significa que uno ha venido a trabajar, no a contemplar.
Los diferentes tipos de mandil
- Mandil de aprendiz: blanco liso, sin decoración. Simboliza la pureza del candidato que comienza su camino.
- Mandil de compañero: blanco con forros azul celeste o con decoración simple. Refleja el progreso en el conocimiento.
- Mandil de maestro: más elaborado, a menudo con símbolos bordados específicos de cada rito y obediencia.
- Mandil de Gran Maestre: el más elaborado de todos, con símbolos que reflejan la máxima responsabilidad dentro de la orden.
El color blanco del mandil básico no es casualidad: en todas las tradiciones occidentales, el blanco simboliza la pureza moral, el comienzo sin mancha, la hoja en blanco sobre la que aún no se ha escrito nada. El mandil blanco del aprendiz dice: aquí empieza todo.
11. El diluvial y la regla de veinticuatro pulgadas
El diluvial
El diluvial —también llamado la paleta— es una pequeña herramienta de construcción con forma triangular que sirve para aplicar y alisar el mortero entre las piedras. En el simbolismo masónico representa la fraternidad: es la herramienta que une las piedras, que mantiene juntos a los miembros de la logia con los vínculos del afecto y la solidaridad.
El diluvial recuerda al masón que ninguna piedra, por perfectamente labrada que esté, sostiene por sí sola una construcción. Las piedras se sostienen entre sí, unidas por el mortero. Del mismo modo, ningún masón alcanza su pleno desarrollo en solitario: necesita de sus hermanos tanto como ellos necesitan de él.
La regla de veinticuatro pulgadas
La regla de veinticuatro pulgadas es la regla de medir de los masones operativos. Sus veinticuatro divisiones corresponden a las veinticuatro horas del día. El simbolismo masónico divide esas veinticuatro horas en tres partes iguales de ocho horas cada una:
- Ocho horas para el trabajo: el tiempo que el masón dedica a su actividad profesional y al cuidado material de su familia.
- Ocho horas para el descanso: el tiempo necesario para recuperar las fuerzas físicas y mentales.
- Ocho horas para el servicio a Dios y a los hermanos: el tiempo dedicado a la logia, al estudio, a la familia, a la comunidad y a los actos de beneficencia.
Esta división del tiempo es, en esencia, una invitación a vivir de manera equilibrada. En el siglo XVIII, cuando la mayoría de los trabajadores trabajaban de sol a sol, era una afirmación radical del derecho humano al descanso y al desarrollo personal. Tres siglos después, sigue siendo una invitación pertinente en un mundo que glorifica la sobreproducción y confunde el agotamiento con la virtud.
12. La estrella de cinco puntas y el pentagrama
La estrella de cinco puntas —también llamada pentagrama o estrella flamígera— tiene una larga historia en el simbolismo masónico, aunque su presencia varía según el rito y la obediencia.
En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la estrella flamígera es uno de los símbolos más importantes del tercer grado. Aparece representada en el centro del techo de la logia o dibujada en el suelo, con la letra G en el centro o como elemento central de la composición.
El origen del pentagrama masónico es hermético y pitagórico: los seguidores de Pitágoras usaban la estrella de cinco puntas como símbolo de su escuela filosófica, porque el pentágono que resulta de trazar sus diagonales contiene la proporción áurea, la razón matemática que los griegos consideraban la más perfecta y la más presente en la naturaleza.
Las cinco puntas y sus significados
- Primera punta: la sabiduría — el conocimiento que ilumina.
- Segunda punta: la fuerza — la energía que actúa.
- Tercera punta: la belleza — la armonía que perfecciona.
- Cuarta punta: la virtud — el camino recto.
- Quinta punta: la ciencia — el conocimiento sistemático.
La estrella flamígera no debe confundirse con el pentagrama invertido, símbolo que en algunas tradiciones ocultistas tiene connotaciones negativas. La masonería siempre usa la estrella con una punta hacia arriba, lo que en la tradición simbólica occidental representa la elevación del espíritu sobre la materia.
13. El árbol de la vida y la cábala en la masonería
La presencia de la cábala judía en el simbolismo masónico es uno de los aspectos más complejos y fascinantes de la tradición masónica. No está presente en todos los ritos ni en todas las obediencias, pero en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, especialmente en sus grados superiores, la influencia cabalística es significativa.
El árbol de la vida —el diagrama cabalístico de las diez sefirot— aparece en los rituales de varios grados superiores del REAA como mapa del universo y del alma humana simultáneamente. Las diez sefirot representan los diez aspectos del ser divino, pero también los diez aspectos del alma humana en su proceso de perfeccionamiento.
Esta incorporación de la tradición cabalística en la masonería no es accidental: refleja el carácter integrador y filosóficamente ecléctico de la orden, que desde sus inicios ha tendido a buscar lo que hay de verdad en todas las tradiciones sapienciales, en lugar de cerrarse en una sola.
El árbol de la vida masónico no es, por tanto, un elemento religioso judío transplantado: es una herramienta filosófica adoptada y reinterpretada en el contexto del trabajo de perfeccionamiento que caracteriza a la orden.
14. Los números sagrados masónicos: 3, 5 y 7
La tradición pitagórica influyó profundamente en el simbolismo numérico masónico. Para los pitagóricos, los números no eran meras cantidades: eran principios que regían la estructura del universo. La masonería heredó esta visión y la incorporó a su simbolismo ritual.
El tres
El tres es el número de los grados simbólicos (aprendiz, compañero, maestro), de los grandes luminares (sol, luna, Venerable Maestro), de los pilares del templo (sabiduría, fuerza y belleza) y de los años que según la leyenda tardó en construirse el Templo de Salomón. Es el número de la síntesis: tesis, antítesis, síntesis. En la geometría, el triángulo es la figura más estable.
El cinco
El cinco es el número de los puntos del compañero, de los órdenes arquitectónicos clásicos, de la estrella flamígera y del sentido humano de la belleza. El pentágono regular, con sus ángulos de 108 grados, contiene la sección áurea en todas sus proporciones.
El siete
El siete es el número de los días de la creación, de las artes liberales, de los grados del arco real en el Rito de York y del número mínimo de maestros masones necesario para constituir una gran logia según algunas tradiciones. Es el número de la perfección completa: tres (el triángulo) más cuatro (el cuadrado) forman el siete.
Los números no mienten. Tres, cinco y siete son números primos: solo divisibles por sí mismos y por la unidad. Para la masonería, son símbolo de la indivisibilidad del carácter íntegro.
15. Guía rápida: tabla de símbolos masónicos y sus significados
Un resumen de los principales símbolos masónicos para consulta rápida:
- Escuadra: rectitud moral, justicia, mundo de las acciones.
- Compás: moderación, sabiduría, circunscripción de los deseos.
- Letra G: Geometría y Gran Arquitecto del Universo.
- Ojo que todo lo ve: conciencia moral, vigilancia interior, omnisciencia del G.A.D.U.
- Triángulo: trinidad, perfección geométrica, armonía entre pensamiento, palabra y acción.
- Piedra bruta: el candidato al inicio de su camino, lleno de imperfecciones.
- Piedra cúbica: el masón que ha trabajado su perfeccionamiento, listo para integrarse en la gran obra.
- Mazo: voluntad de cambio, energía interior.
- Cincel: inteligencia, precisión, discernimiento.
- Plomada: verticalidad moral, coherencia entre pensamiento, palabra y acción.
- Nivel: igualdad esencial de todos los seres humanos.
- Columna J (Jaquín): estabilidad, continuidad, la tradición que persiste.
- Columna B (Boaz): fuerza activa, la energía que transforma.
- Templo de Salomón: la humanidad perfeccionada, el ser humano completo.
- Hiram Abiff: el maestro que muere por no revelar los secretos, símbolo del valor moral.
- Sol: razón, claridad intelectual, principio activo.
- Luna: intuición, sabiduría recibida, principio receptivo.
- Mandil: dignidad del trabajo, pureza de intenciones.
- Diluvial: fraternidad, vínculo que une a los masones.
- Regla de 24 pulgadas: equilibrio del tiempo: trabajo, descanso y servicio.
- Estrella flamígera: las cinco virtudes: sabiduría, fuerza, belleza, virtud y ciencia.
- Número 3: síntesis, estabilidad del triángulo, los tres grados.
- Número 5: los cinco órdenes, la proporción áurea, los puntos del compañero.
- Número 7: perfección completa, las siete artes liberales.
Conclusión: por qué los símbolos siguen importando
En el siglo XXI, cuando la comunicación se ha vuelto instantánea, superficial y descartable, el simbolismo masónico tiene algo de profundamente contracultural: exige tiempo, atención y reflexión. No se puede entender de un vistazo. No se consume: se habita.
Esa es quizás la razón de que sigan siendo relevantes tres siglos después de que los primeros masones especulativos los adoptaran de los gremios medievales. Un símbolo bien construido no envejece porque apunta hacia algo que no cambia: la condición humana, con sus grandezas y sus miserias, su aspiración a la perfección y su incapacidad de alcanzarla del todo.
Los símbolos masónicos no son fórmulas mágicas ni claves conspiratoriass. Son espejos. Y los espejos honestos siempre resultan incómodos, porque nos muestran no lo que queremos ver, sino lo que somos.
«El símbolo es una puerta. Lo que hay al otro lado solo lo encuentra quien se toma la molestia de abrirla.» — Tradición masónica
Fuentes y bibliografía
- Albert G. Mackey: Encyclopedia of Freemasonry (1873). La enciclopedia masónica más completa en lengua inglesa.
- Albert Pike: Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry (1871). La obra más influyente sobre el simbolismo del Rito Escocés.
- Robert Macoy: A Dictionary of Freemasonry (1869). Referencia clásica del simbolismo masónico anglosajón.
- José Antonio Ferrer Benimeli: La masonería española (Istmo, 1996). Autoridad académica máxima en masonería española.
- Arturo de Hoyos: Masonic Rites and Wrongs (2013). Análisis crítico moderno del simbolismo ritual.
- Manly P. Hall: The Secret Teachings of All Ages (1928). Obra de referencia sobre simbolismo esotérico y masónico.
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