La Plomada en la Masonería: el símbolo de la rectitud moral y espiritual

Entre todas las herramientas simbólicas empleadas por la masonería, pocas expresan de forma tan clara la idea de integridad como la plomada. A primera vista se trata de un instrumento extremadamente sencillo: un cordel del que cuelga un peso, utilizado desde hace miles de años para comprobar la verticalidad de un muro o una columna.

Sin embargo, dentro de la tradición masónica, esta herramienta trasciende su función técnica para convertirse en un recordatorio permanente de una de las virtudes más importantes que debe cultivar todo iniciado: la rectitud.

La plomada enseña que, del mismo modo que un edificio solo permanece en pie cuando sus muros son perfectamente verticales, la vida del masón únicamente puede sostenerse sobre una conducta honesta, íntegra y coherente.

Su simbolismo no se limita a la moral individual. También representa la estabilidad interior, la búsqueda del equilibrio y la necesidad de mantener una dirección constante en el camino iniciático.

Otras herramientas fundamentales de la logia son la escuadra, el compás, el cincel, la regla de 24 pulgadas, el mazo o mallete, y el nivel.


La plomada como herramienta de los antiguos constructores

La plomada es una de las herramientas más antiguas de la humanidad.

Ya era utilizada en el antiguo Egipto durante la construcción de templos y pirámides. Posteriormente pasó a formar parte del instrumental habitual de arquitectos griegos, ingenieros romanos y maestros canteros medievales.

Su funcionamiento apenas ha cambiado con el paso de los siglos.

Consiste en un hilo del que cuelga un peso metálico que, por efecto de la gravedad, señala siempre la línea perfectamente vertical.

Gracias a ella era posible levantar:

  • columnas;
  • muros;
  • torres;
  • bóvedas;
  • contrafuertes.

Sin una plomada fiable, cualquier desviación acabaría comprometiendo la estabilidad del edificio.

Este principio físico será precisamente el que la masonería transformará en una enseñanza moral.


De herramienta operativa a símbolo especulativo

Cuando la masonería dejó de ser exclusivamente un oficio para convertirse en una fraternidad iniciática durante los siglos XVII y XVIII, las antiguas herramientas conservaron su presencia dentro de las logias.

Pero dejaron de emplearse para construir edificios.

Comenzaron a utilizarse para construir personas.

Cada instrumento pasó a representar una virtud.

La plomada fue asociada casi universalmente a la rectitud.

Su mensaje era sencillo:

Así como la plomada indica la vertical perfecta, el masón debe orientar su conducta hacia la rectitud moral.

Esta interpretación aparece desarrollada por numerosos autores clásicos como Albert G. Mackey y Oswald Wirth.


¿Qué simboliza la plomada?

Aunque existen matices entre diferentes ritos, pueden identificarse varios significados fundamentales.

1. La rectitud moral

Es el simbolismo más conocido.

La plomada recuerda que el comportamiento del masón debe mantenerse siempre derecho, sin desviarse por intereses personales, pasiones o ambiciones.

No basta con parecer honrado.

Debe serlo.

La masonería insiste en que la verdadera rectitud nace de la conciencia y no del reconocimiento externo.


2. La coherencia

La verticalidad representa la unión entre pensamiento, palabra y acción.

Una persona coherente actúa de acuerdo con sus principios.

La plomada invita a evitar la contradicción entre lo que se afirma y lo que realmente se hace.

En este sentido, constituye un símbolo permanente de autenticidad.


3. La estabilidad

Un edificio mal alineado terminará agrietándose.

Lo mismo ocurre con el carácter humano.

Las pequeñas concesiones éticas pueden parecer insignificantes al principio, pero con el tiempo comprometen la solidez de toda la construcción interior.

La plomada enseña que la estabilidad se alcanza mediante la disciplina y la constancia.


4. La búsqueda del centro

Al señalar siempre la línea vertical, la plomada también simboliza el eje interior del ser humano.

Diversos autores han relacionado esta idea con la necesidad de mantener el equilibrio entre razón y emoción, evitando los extremos.

No se trata de eliminar las pasiones, sino de gobernarlas.


La plomada en los rituales masónicos

La plomada forma parte del conjunto de herramientas simbólicas utilizadas especialmente en el grado de Compañero, aunque su presencia y función pueden variar según el rito practicado por cada obediencia.

Durante las instrucciones rituales se explica que cada herramienta representa una enseñanza concreta destinada al perfeccionamiento del iniciado.

La plomada recuerda que el progreso intelectual carece de valor si no está acompañado por una conducta íntegra.

Por ello suele relacionarse con el trabajo constante sobre uno mismo.


La plomada y otras herramientas simbólicas

La riqueza del simbolismo masónico reside en que ninguna herramienta actúa de forma aislada.

Cada una complementa a las demás.

La plomada mantiene una estrecha relación con:

La escuadra

Si la escuadra enseña a actuar con justicia, la plomada recuerda la necesidad de mantener una conducta recta.

La primera corrige nuestras acciones.

La segunda verifica nuestra dirección.


El nivel

Mientras la plomada representa la verticalidad individual, el nivel simboliza la igualdad entre todos los seres humanos.

Ambos instrumentos trabajan juntos para recordar que la dignidad personal y la igualdad fraternal son inseparables.


El compás

El compás limita las pasiones.

La plomada orienta la conducta.

Uno gobierna el mundo interior.

La otra refleja ese dominio en la acción cotidiana.


La dimensión filosófica de la plomada

Diversos autores masónicos han señalado que la plomada no representa únicamente una norma ética.

También simboliza el proceso de autoconocimiento.

La verticalidad puede interpretarse como el camino que une la tierra con el cielo.

Desde esta perspectiva, el ser humano aparece situado entre dos dimensiones:

  • la material;
  • la espiritual.

La plomada recuerda la necesidad de mantener ambas en equilibrio.


Interpretaciones erróneas

En ocasiones se atribuyen a la plomada significados ocultistas o esotéricos ajenos a la tradición masónica.

Sin embargo, los principales estudios históricos muestran que su incorporación al simbolismo de la Orden procede directamente de su utilización por los antiguos constructores.

La interpretación moral desarrollada posteriormente constituye una evolución coherente con el conjunto del lenguaje simbólico masónico y no con prácticas mágicas o supersticiosas.


La plomada en la masonería contemporánea

Hoy continúa siendo una de las herramientas más presentes en la enseñanza simbólica.

Aunque ya no levanta muros ni columnas, sigue desempeñando una función esencial:

Recordar al masón que toda construcción interior comienza por la honestidad consigo mismo.

En una sociedad donde las presiones externas pueden favorecer la improvisación, el oportunismo o la incoherencia, la plomada conserva plenamente su actualidad como símbolo de integridad.


Conclusión

La plomada representa mucho más que un sencillo instrumento de albañilería. Es un símbolo de rectitud, coherencia y estabilidad. Su enseñanza permanece vigente porque recuerda que el auténtico progreso masónico no depende del conocimiento acumulado, sino de la capacidad para vivir conforme a los principios que se profesan.

Así como una columna solo permanece firme cuando está perfectamente alineada, el ser humano solo puede construir una vida sólida cuando actúa con honestidad y mantiene la fidelidad a sus valores.


Bibliografía

  • Anderson, James. The Constitutions of the Free-Masons (1723).
  • Mackey, Albert G. An Encyclopedia of Freemasonry.
  • Wirth, Oswald. El simbolismo masónico.
  • Boucher, Jules. La simbólica masónica.
  • Pike, Albert. Morals and Dogma.
  • Stevenson, David. The Origins of Freemasonry.
  • De Hoyos, Arturo. Scottish Rite Ritual Monitor & Guide.

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