Introducción: La Escuadra y el Compás en el Corazón de la República
Pocas instituciones han estado tan íntimamente ligadas a la construcción de la identidad nacional, las leyes y el destino político de una nación como la Francmasonería en México. Mientras que en Europa Occidental la Orden Masónica evolucionó a partir del siglo XVIII principalmente como un espacio de especulación filosófica, moral y científica, en el suelo mexicano se transformó desde sus orígenes en un dinámico motor de cambio civil, un laboratorio de ideas republicanas y, durante largas épocas, en el andamiaje invisible sobre el cual se edificaron los partidos políticos y las instituciones del Estado.
Hablar de la historia de México es, inevitablemente, hablar de la historia de sus logias. Desde las postrimerías del virreinato de la Nueva España hasta los desafíos del siglo XXI, los debates entre la centralización y el federalismo, la laicidad de la educación, la separación de la Iglesia y el Estado, y los derechos sociales de las constituciones de 1857 y 1917, contaron con la participación directa, apasionada y a menudo confrontada de miembros de la Orden.
Para un portal de divulgación masónica contemporáneo, el estudio de la masonería mexicana exige un ejercicio de rigor historiográfico absoluto. Es necesario desbastar el mito de la conspiración oculta para comprender la realidad sociológica: las logias en México funcionaron como los primeros espacios de debate democrático y articulación ciudadana en una nación que despertaba a la vida independiente. En este extenso análisis, recorreremos los orígenes históricos de la Orden, la mítica «guerra de los ritos», el papel de los próceres de la Reforma y la Revolución, hasta trazar el mapa actual de sus Grandes Logias y Obediencias en el siglo XXI.
1. Los Orígenes en la Nueva España y los Albores de la Independencia (1806-1821)
La introducción de la masonería en el territorio novohispano hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX estuvo rodeada de la clandestinidad propia de una época dominada por el absolutismo monárquico y el estricto control de la Santa Inquisición. Los primeros indicios documentales de actividades masónicas en la Nueva España aparecen en los archivos del Santo Oficio, que perseguía con severidad las ideas provenientes de la Ilustración francesa y de la Revolución de 1789.
1.1. La Logia de la Calle de las Ratas (1806)
El primer hito histórico indiscutible de la masonería en la Ciudad de México ocurre en 1806, en la casa del ciudadano Manuel Luyando, ubicada en la antigua Calle de las Ratas (hoy calle de Bolívar). En ese recinto se constituyó una logia informal, fuertemente influenciada por oficiales del ejército colonial de origen español y criollos ilustrados.
A este taller primigenio se le vincula históricamente con figuras fundamentales de la preindependencia, de forma muy destacada con el virrey José de Iturrigaray y con los licenciados Francisco Primo de Verdad y Ramos y Juan Francisco Azcárate. En las sesiones de esta logia se comenzó a debatir la soberanía popular ante la crisis de la monarquía española provocada por la invasión napoleónica. Aunque la logia fue delatada y desarticulada por la Inquisición, la semilla de la libre discusión política e institucional ya había sido plantada en el corazón de la colonia.
1.2. El Rol de los Próceres Insurgentes: ¿Mito o Realidad?
La historiografía masónica tradicional suele afirmar con vehemencia que los padres de la patria, el cura Miguel Hidalgo y Costilla y el generalísimo José María Morelos y Pavón, fueron masones iniciados en logias clandestinas o de campaña. Sin embargo, los historiadores contemporáneos más rigurosos de la corriente científica —como el Dr. José Antonio Ferrer Benimeli o los investigadores del CEHME (Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española)— piden una sana cautela documental.
Si bien no existen actas de iniciación o planchas que certifiquen el ingreso formal de Hidalgo o Morelos a la regularidad masónica, es innegable que ambos próceres poseían una biblioteca y un ideario profundamente alineados con el enciclopedismo y el pensamiento ilustrado que se resguardaba en los talleres. Por el contrario, quienes sí contaban con una militancia masónica comprobable en las logias de corte militar y español (logias de línea) fueron los oficiales criollos que posteriormente consumaron la emancipación, como Agustín de Iturbide, y militares liberales españoles de la talla de Juan O’Donojú, el último jefe político superior de la Nueva España, cuya firma estampada en los Tratados de Córdoba selló el acta de nacimiento de la nueva nación.
2. La Guerra de los Ritos y la Cuna de los Partidos Políticos (1821-1854)
Con el nacimiento del Primer Imperio de Iturbide y la posterior instauración de la Primera República Federal en 1824, México carecía por completo de una cultura de partidos políticos organizados. No había comités electorales, ni plataformas de prensa estructuradas, ni canales de debate ciudadano. Ante este vacío institucional, las logias masónicas asumieron de forma inmediata la función de partidos políticos en la sombra.
Este período histórico es conocido como «la guerra de los ritos», una etapa encarnizada donde la política nacional se dividió binariamente entre el Rito Escocés y el Rito de York.
2.1. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado: Los «Escoceses»
Introducido principalmente por los oficiales del ejército español y los criollos de la alta aristocracia latifundista durante los últimos años del virreinato, el Rito Escocés representaba la corriente más moderada y, con el tiempo, conservadora de la política mexicana.
- Ideología: Centralismo político, defensa de los fueros eclesiásticos y militares, mantenimiento del orden social colonial modificado bajo una fachada republicana y un fuerte acercamiento diplomático hacia Gran Bretaña.
- Líderes: Figuras de la talla del historiador Lucas Alamán, el general Anastasio Bustamante y Nicolás Bravo. Sus reuniones se caracterizaban por un alto refinamiento intelectual, pero con una visión profundamente recelosa de la participación de las masas populares en las decisiones del Estado.
2.2. El Rito de York: Los «Yorkinos»
Ante el monopolio político que ejercían los escoceses, el sector de los liberales radicales, las clases medias empobrecidas, los intelectuales provincianos y los antiguos insurgentes buscaron una vía de contrapeso. La oportunidad llegó en 1825 con el arribo del primer ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en México, Joel Roberts Poinsett.
Poinsett, un diplomático hábil y masón yorkino de alto rango, facilitó la obtención de las cartas patentes expedidas por la Gran Logia de Nueva York para fundar legalmente las primeras cinco logias del Rito de York en la capital mexicana.
- Ideología: Federalismo radical, defensa irrestricta de la Constitución de 1824, laicidad institucional, expulsión de los españoles remanentes y una alineación geopolítica con el modelo democrático estadounidense.
- Líderes: El presidente Guadalupe Victoria, el líder popular Vicente Guerrero, Lorenzo de Zavala y José María Luis Mora. Los yorkinos expandieron sus logias de forma capilar por todo el país, convirtiéndolas en los primeros centros de movilización popular y electoral de México.
2.3. La Respuesta Nacional: El Rito Nacional Mexicano (1825)
La polarización y el enconado enfrentamiento entre escoceses (respaldados por los intereses británicos) y yorkinos (promovidos por la influencia estadounidense) alarmó a un grupo de masones patriotas que veían con profunda preocupación cómo la Orden se convertía en un instrumento de las potencias extranjeras.
El 22 de agosto de 1825, un grupo de destacados iniciados —entre los que se encontraban Guillermo Lamott, José María Mateos y el propio presidente Guadalupe Victoria— decidió fundar una obediencia soberana, genuinamente autóctona e independiente de cualquier potencia extranjera: el Rito Nacional Mexicano (RNM).
El RNM simplificó la estructura de grados a nueve niveles y, rompiendo con los dogmas de la masonería anglosajona, introdujo una innovación revolucionaria para la época: permitió el ingreso formal de las mujeres a los trabajos masónicos a través de las llamadas Logias de Adopción, convirtiéndose en una de las organizaciones precursoras de la equidad de género en el continente. Políticamente, el Rito Nacional Mexicano sirvió como el refugio ideológico de los pensadores que estructurarían la futura ideología liberal mexicana.
3. La Reforma, la Separación de la Iglesia y el Estado, y Benito Juárez (1855-1876)
La mitad del siglo XIX trajo consigo el colapso de la dictadura de Antonio López de Santa Anna y el encumbramiento de la generación de la Reforma, el grupo de intelectuales y civiles más brillante que ha gobernado el país. Casi la totalidad de los redactores de la Constitución de 1857 y de las Leyes de Reforma poseían una formación masónica de primer orden.
3.1. Benito Juárez: El Masón Benemérito
La figura de Benito Juárez García es central tanto para la historia profana de México como para la mística de sus Grandes Logias. Juárez fue iniciado como Aprendiz Masón el 15 de enero de 1847 en la Respetable Logia Simbólica Independencia Nº 2, perteneciente al Rito Nacional Mexicano, instalada provisionalmente en los salones del mismísimo Palacio Nacional de la Ciudad de México. Al momento de su iniciación, Juárez adoptó el nombre simbólico de «Guillermo Tell».
Juárez ascendió de forma regular por la escala masónica hasta alcanzar el grado máximo del Rito Nacional Mexicano (Grado 9º, equivalente al Grado 33 del Rito Escocés). Para Juárez, la Masonería no era un espacio de mera distracción ritual, sino la matriz filosófica que justificaba sus grandes proyectos de transformación social:
- La secularización de los cementerios y el registro civil.
- La nacionalización de los bienes del clero para sanear las finanzas del Estado.
- La instauración de la educación laica y gratuita, arrebatando el monopolio de las mentes al clero conservador.
Junto a Juárez, hermanos de la talla de Melchor Ocampo (cuyo nombre simbólico era Diderot), Miguel Lerdo de Tejada, Ignacio Ramírez «El Nigromante», Francisco Zarco e Ignacio Manuel Altamirano trabajaron en las logias para dar el sustrato intelectual a las leyes que transformaron a México en un Estado moderno y secular. Las logias ambulantes siguieron al gobierno itinerante de Juárez a bordo de su carruaje negro durante los años oscuros de la Intervención Francesa y el Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo, resistiendo y defendiendo la soberanía republicana frente al invasor extranjero.
4. El Porfiriato y la Unificación Masónica Directiva (1876-1911)
El triunfo de la República sobre las fuerzas imperiales dio paso a una etapa de estabilidad y pacificación que desembocaría en el régimen del general Porfirio Díaz. Díaz, un militar liberal héroe de la batalla del 2 de abril y masón de alto rango del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, comprendió de inmediato que las divisiones internas y las disputas entre las distintas obediencias masónicas continuaban siendo un factor de inestabilidad política nacional.
4.1. La Gran Dieta Simbólica de los Estados Unidos Mexicanos (1890)
Fiel a su estilo político centralizador y pragmático, Porfirio Díaz operó desde el poder ejecutivo para lograr lo que parecía imposible: la unificación total de la masonería mexicana. En 1890, fundó y presidió la Gran Dieta Simbólica de los Estados Unidos Mexicanos.
Bajo esta megasúperestructura masónica, Díaz logró aglutinar a la gran mayoría de las logias de los ritos Escocés y Nacional Mexicano de todo el país. Díaz se autonombró Gran Maestro de la Gran Dieta, utilizando la estructura jerárquica de la Orden para controlar políticamente a los gobernadores de los estados, jefes militares e intelectuales de su régimen (los llamados «Científicos»), quienes sesionaban juntos bajo las columnas.
Sin embargo, la Gran Dieta Simbólica tuvo una vida efímera debido a las intensas protestas internacionales y locales generadas por dos decisiones polémicas adoptadas bajo la gestión del Gran Secretario Ermilo G. Canton:
- La sustitución del Volumen de la Ley Sagrada (la Biblia) por la Constitución Mexicana sobre el Ara de los Juramentos.
- La regularización y otorgamiento de cartas patentes a logias femeninas con plenos derechos iniciáticos, lo que desató el rechazo frontal de la Gran Logia Unida de Inglaterra y de las obediencias de los Estados Unidos de orientación anglosajona tradicional. Para 1901, la Gran Dieta se disolvió de forma definitiva, dando paso al resurgimiento de las Grandes Logias Estatales y a la reorganización de la Gran Logia Valle de México.
5. La Revolución Mexicana y la Fractura Ideológica de las Logias (1910-1920)
El estallido de la Revolución Mexicana de 1910 contra el porfiriato repitió el patrón histórico: los líderes de los distintos movimientos revolucionarios encontraron en las logias sus escuelas de pensamiento, pero también se enfrentaron entre sí bajo las columnas debido a sus diversas visiones del destino del país.
5.1. Francisco I. Madero: El Espiritismo y la Luz Masónica
El iniciador de la revolución democrática, Francisco I. Madero, provenía de una familia de empresarios norteños de honda formación liberal. Madero fue iniciado en la Respetable Logia Lealtad Nº 15 de la Ciudad de México. Si bien Madero es ampliamente conocido en la historia profana por sus profundas convicciones espiritistas, su andamiaje ético de respeto a la legalidad y la no reelección estaba directamente inspirado en las máximas de la fraternidad masónica. Su trágico asesinato en 1913 durante la Decena Trágica provocó la indignación generalizada de la masonería nacional e internacional.
5.2. El Constitucionalismo y el Artículo 3º Constitucional
La etapa más radical de la Revolución fue conducida por el Constitucionalismo de Venustiano Carranza. Aunque Carranza guardaba una postura más distante frente al ritualismo de la Orden, su Estado Mayor y los redactores de la Constitución de 1917 en Querétaro estaban plagados de activos francmasones militares y civiles de corte jacobino, liderados por el general Álvaro Obregón, el general Plutarco Elías Calles y el intelectual Francisco J. Múgica.
Fue en los debates parlamentarios del Congreso Constituyente de Querétaro donde la impronta masónica jacobina quedó grabada con fuego en la carta magna:
- Artículo 3º: Establecimiento de una educación pública estrictamente laica, ajena a cualquier doctrina religiosa, y combativa contra el fanatismo y los prejuicios.
- Artículo 27 y 130: Limitación drástica de la personalidad jurídica de las iglesias, la nacionalización de sus templos y la prohibición absoluta a los ministros de culto de participar en asuntos políticos o criticar las leyes fundamentales del país.
Estas medidas de un jacobinismo radical desatarían, años más tarde, el sangriento conflicto religioso conocido como la Guerra Cristera (1926-1929) bajo la presidencia del también masón Plutarco Elías Calles.
6. El Panorama Actual de la Masonería en México: Estructuras y Desafíos en el Siglo XXI
En el siglo XXI, la Masonería en México sobrevive como una institución diversa, compleja y fragmentada, que ha dejado atrás su papel de decisora secreta de la política presidencial del viejo régimen postrevolucionario para redefinirse como una sociedad civil dedicada al estudio filosófico, la filantropía y el debate ético de la modernidad.
Hoy en día, la geografía masónica mexicana está dividida principalmente en tres grandes vertientes u orientaciones organizacionales:
6.1. La Masonería Regular de Orientación Anglosajona (Confederación de Grandes Logias Regulares)
Es la corriente mayoritaria en cuanto al número de miembros y reconocimiento internacional formal. Está integrada por las Grandes Logias de cada estado de la República Mexicana, coordinadas políticamente a través de la Confederación de Grandes Logias Regulares de los Estados Unidos Mexicanos.
- Características: Trabajan estrictamente bajo las reglas de regularidad dictadas por la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE). Exigen la creencia en un Ser Supremo (G:.A:.D:.U:.), juran sobre el Volumen de la Ley Sagrada (Biblia), y prohíben de forma absoluta el ingreso de mujeres a sus trabajos rituales tradicionales o el debate político partidista directo en las sesiones.
- Organizaciones Clave: La Muy Respetable Gran Logia Valle de México (con sede en la Ciudad de México y jurisdicción histórica sobre talleres de diversos estados), la Gran Logia de Estado «Soberana e Independiente» de El Potosí, la Gran Logia Unida Mexicana del Estado de Veracruz, y la Gran Logia «Benito Juárez» de García del Estado de Coahuila.
6.2. La Masonería Femenina y Liberal (Adogmática)
A diferencia de otros países donde la masonería femenina es un fenómeno incipiente o marginal, en México posee una vitalidad histórica y una membresía de gran calado intelectual, heredera de las Logias de Adopción del Rito Nacional Mexicano y de las reformas del Porfiriato.
- Gran Logia Femenina UNIDA de México: Coordina de forma soberana a múltiples talleres femeninos a lo largo y ancho del territorio nacional, trabajando tanto en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado como en ritos modernos.
- Corriente Liberal y Co-Masónica (Mixta): Representada por obediencias alineadas con el Gran Oriente de Francia o la Orden Masónica Mixta Internacional El Derecho Humano (Le Droit Humain), donde hombres y mujeres trabajan en absoluta igualdad de condiciones rituales, abordando de forma abierta los problemas sociales, políticos y de derechos humanos de la agenda contemporánea (laicidad, aborto, derechos de las minorías).
6.3. Los Altos Grados: Supremos Consejos y Cuerpos Filosóficos
Para la administración de los grados filosóficos (del Grado 4º al 33º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado), existen dos grandes cuerpos que reclutan a los maestros masones de las logias simbólicas:
- El Supremo Consejo de México (Sede en la calle de Lucerna, CDMX): El cuerpo filosófico histórico más antiguo del país, fundado en el siglo XIX, que mantiene estrechas relaciones de reconocimiento con los Supremos Consejos de los ritos escoceses de todo el mundo.
- El Supremo Consejo de Grandes Inspectores Generales del Grado 33º del REAA para la Jurisdicción Masónica de los EE.UU.MM.
Conclusión: El Reto de la Piedra Bruta frente al México Moderno
La trayectoria de la Francmasonería en México nos muestra que la institución no ha sido un bloque monolítico ni una sociedad homogénea de conspiradores infalibles. Por el contrario, ha sido el fiel reflejo de las tensiones, los dolores y las aspiraciones de la propia sociedad mexicana.
Las logias de los yorkinos y los escoceses dieron forma al nacimiento de la democracia partidista; los talleres del Rito Nacional Mexicano forjaron las mentes secularizadoras que rompieron las ataduras del oscurantismo colonial; y los militares constitucionalistas de las logias norteñas plasmaron los derechos sociales en la Constitución que rige al país.
En el siglo XXI, el gran desafío de la masonería mexicana ya no consiste en ganar batallas en los campos militares ni en controlar los pasillos de los palacios de gobierno. El verdadero reto radica en la deconstrucción de la piedra bruta individual de sus miembros para convertirlos en agentes éticos frente a las problemáticas actuales del país: la violencia, la corrupción, la desigualdad social y el debilitamiento del Estado laico. Solo en la medida en que los templos mexicanos vuelvan a ser verdaderos centros de alta especulación intelectual, moral y humanista, la escuadra y el compás continuarán siendo herramientas útiles para trazar el plano de un México más justo, libre y fraternal.
Fuentes Bibliográficas y Documentales:
- Mateos, José María (1884). Historia de la Masonería en México desde la época de su introducción hasta la presente época. Ciudad de México: Imprenta de la Gaceta Oficial. (La fuente primaria escrita por uno de los fundadores del Rito Nacional Mexicano).
- Carnicelli, Américo (1970). La Masonería en la Independencia de América. Bogotá: Secretariado de la Gran Logia de Colombia.
- Ferrer Benimeli, José Antonio (1995). La Masonería Española y América Latina. Zaragoza: Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME).
- Zalce y Rodríguez, Luis J. (1950). Apuntes para la Historia de la Masonería en México. Ciudad de México: Ediciones de la Gran Logia Valle de México.
- Martínez Esquivel, Ricardo (2012). Perspectivas Históricas de la Masonería en las Regiones de México. San José de Costa Rica: REHMLAC.
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