La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) representó uno de los periodos más oscuros, trágicos y menos difundidos en la historia de la francmasonería universal. Durante este conflicto global, la orden masónica no fue un simple espectador, sino el blanco de una persecución sistemática, ideológica y brutal por parte de las potencias del Eje, muy especialmente por el régimen nazi de Adolf Hitler, el fascismo de Benito Mussolini y el expansionismo militar japonés, a los que se sumó la dictadura franquista en España.
Para los regímenes totalitarios, los valores fundamentales de la masonería —libertad de conciencia, tolerancia, igualdad, fraternidad y librepensamiento— constituían una amenaza directa e intolerable para la homogeneización social y la obediencia ciega exigidas por el Estado. A través de la propaganda masiva, el secuestro de archivos, la reclusión en campos de concentración y la ejecución sumaria, el totalitarismo intentó borrar de la faz de la tierra todo vestigio de la orden.
Basándonos estrictamente en fuentes de alta autoridad historiográfica —incluyendo los archivos del Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos (USHMM), las investigaciones académicas de José Antonio Ferrer Benimeli, los estudios especializados de Helmut Neuberger sobre el nacionalsocialismo y los registros de la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE)—, este artículo analiza exhaustivamente la persecución, el martirio y la resistencia de los masones durante la Segunda Guerra Mundial.
1. La Matriz Ideológica del Odio: El Mito Judeo-Masónico-Bolchevique
Antes de que las tropas alemanas cruzaran la frontera polaca en 1939, el andamiaje ideológico para la destrucción de la masonería ya había sido meticulosamente edificado en Europa. La base conceptual de esta persecución se sustentó en teorías de la conspiración que fusionaban de manera arbitraria a colectivos completamente distintos.
Los Protocolos de los Sabios de Sión y «Mein Kampf»
El nacionalsocialismo adoptó como verdad literal el libelo antisemita Los Protocolos de los Sabios de Sión (una falsificación de la policía secreta zarista de principios del siglo XX). En este texto se afirmaba que la masonería era la herramienta operativa utilizada por una supuesta élite judía internacional para socavar los valores tradicionales, la moral de las naciones cristianas y el orgullo nacional de los pueblos.
El propio Adolf Hitler dejó asentada esta obsesión en su libro político Mein Kampf (Mi Lucha, 1925), donde escribió de forma explícita:
«La parálisis pacifista del instinto nacional de conservación, introducida en los círculos de la llamada intelectualidad por la masonería, es transmitida a las grandes masas de la población por la actividad de la gran prensa, la cual es hoy casi siempre judía.»
Para el aparato de propaganda nazi, dirigido por Joseph Goebbels, la masonería era el camaleón ideológico perfecto: se la acusaba simultáneamente de controlar el capitalismo financiero de Wall Street y Londres, y de haber orquestado la Revolución Bolchevique en Moscú. Esta contradicción lógica no importaba; el objetivo era aglutinar todos los miedos y resentimientos de la población en un único enemigo polifacético.

2. La Persecución en la Alemania Nazi (1933-1939)
La destrucción de la masonería alemana comenzó inmediatamente después del ascenso de Hitler al poder en enero de 1933, sirviendo como laboratorio de las políticas represivas que luego se exportarían a los países ocupados durante la guerra.
La Disolución Forzosa de las Logias
A principios de 1933, Alemania contaba con una vibrante comunidad masónica compuesta por alrededor de 80,000 miembros distribuidos en diez Grandes Logias soberanas. La presión estatal, policial y de las camisas pardas (SA) fue inmediata:
- En abril de 1933, Hermann Göring, en su calidad de Ministro del Interior de Prusia, emitió un ultimátum exigiendo que las logias masónicas se disolvieran voluntariamente o enfrentaran la confiscación total de sus bienes.
- Algunas logias de corte nacional-cristiano intentaron sobrevivir cambiando su denominación a «Órdenes Cristiano-Nacionales» y eliminando de sus rituales toda terminología o referencia al Antiguo Testamento (como el Templo de Salomón o los nombres de origen hebreo). El intento de asimilación fracasó rotundamente.
- En agosto de 1935, el Ministerio del Interior del Reich decretó la prohibición oficial y definitiva de todas las logias masónicas en Alemania, declarándolas hostiles al Estado.
El Rol de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA)
La persecución sistemática pasó a manos del aparato científico del terror nazi: la Gestapo y el SD (Servicio de Seguridad de las SS), unificados posteriormente bajo la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA).
Reinhard Heydrich, jefe de la RSHA, creó una sección específica (la Sección II/111, posteriormente Amt VII) encargada exclusivamente de la investigación y archivo sobre la masonería. Los agentes nazis confiscaron bibliotecas enteras, actas de logias, registros de membresía y valiosos objetos rituales de los templos alemanes.
El objetivo de esta gigantesca base de datos no era solo policial, sino ideológico: querían desentrañar los secretos del «poder masónico» y utilizar los documentos para justificar públicamente su política de exterminio.
3. La Ocupación de Europa y el Exterminio Masónico
A partir del estallido de la guerra en septiembre de 1939, el avance de las divisiones de la Wehrmacht por el continente europeo llevó aparejado el desmantelamiento inmediato de las potencias masónicas locales de los países ocupados. Los hombres del SD seguían de cerca a las tropas de vanguardia con listas negras pre-redactadas de masones destacados.
Francia y el Régimen de Vichy
Tras la caída de Francia en junio de 1940, el territorio quedó dividido entre la zona de ocupación militar alemana y el régimen colaboracionista de Vichy, liderado por el mariscal Philippe Pétain. Ambos sectores coincidieron en su ensañamiento contra la orden.
El régimen de Vichy promulgó en agosto de 1940 una estricta ley que prohibía las «sociedades secretas». Las dos principales obediencias del país —el Gran Oriente de Francia y la Gran Logia de Francia— fueron clausuradas. Sus sedes, como el histórico templo de la Rue Cadet en París, fueron saqueadas.
El historiador francés André Combes destaca que el gobierno de Vichy creó el Servicio de Sociedades Secretas, dirigido por el fanático antimasón Bernard Faÿ. Este servicio publicó una lista negra con los nombres de más de 17,000 masones franceses, provocando el despido inmediato de miles de funcionarios públicos, jueces, militares y profesores de sus puestos de trabajo. Cientos de ellos fueron deportados directamente a campos de concentración en suelo alemán como Buchenwald y Ravensbrück.
Países Bajos, Bélgica y el Destino de los Grandes Maestros
- Países Bajos: El Gran Maestro del Gran Oriente de los Países Bajos, Hermannus van Tongeren, fue arrestado por la Gestapo en 1940 debido a su influencia y liderazgo moral. Fue deportado al campo de concentración de Sachsenhausen, donde falleció debido a las brutales condiciones de reclusión en marzo de 1941.
- Bélgica: La masonería belga sufrió un golpe devastador. Las fuerzas de ocupación clausuraron los talleres y utilizaron las listas de miembros para ejecutar a figuras políticas notables. El Gran Maestro del Gran Oriente de Bélgica, Ernest Van Hammée, y destacados intelectuales masónicos fueron perseguidos de forma implacable, obligando a los supervivientes a pasar a la resistencia armada en la clandestinidad.
Estimaciones de Víctimas
Calcular el número exacto de masones asesinados durante el Holocausto presenta una alta complejidad metodológica para los historiadores. A diferencia de los ciudadanos judíos, los testigos de Jehová o las personas homosexuales, los masones no eran identificados en los campos de concentración con un triángulo de color específico de manera uniforme en todos los centros; a menudo se los registraba bajo las categorías amplias de «presos políticos» (triángulo rojo).
Las investigaciones avaladas por el United States Holocaust Memorial Museum estiman que el número de francmasones asesinados por el nacionalsocialismo y sus aliados oscila entre 80,000 y 200,000 víctimas, incluyendo a aquellos que perecieron en los campos de exterminio, ejecuciones sumarias en los bosques de Europa del Este y muertes por privación en las prisiones de la Gestapo.
4. Aliados del Eje y Regímenes Afines: La Represión Global
La política antimasónica del Tercer Reich fue replicada con la misma vehemencia por sus aliados estratégicos en Europa y Asia, integrando la destrucción de la orden en sus respectivos proyectos nacionales totalitarios.
La Italia Fascista de Mussolini
Aunque formalmente Italia no entró en la guerra hasta 1940, la destrucción de la masonería italiana comenzó mucho antes, sirviendo de inspiración conceptual al propio Hitler. En 1925, Benito Mussolini promulgó una ley que prohibía la actividad de la masonería, identificándola como un reducto burgués e internacionalista contrario a las esencias del Estado fascista.
Los camisas negras asaltaron y destrozaron los templos del Gran Oriente de Italia (Palazzo Giustiniani). Masones insignes y héroes de la Primera Guerra Mundial, como el general Luigi Capello, fueron procesados por tribunales especiales y confinados en islas remotas del Mediterráneo. Durante la guerra, cualquier intento de reorganización masónica en la República Social Italiana (Saló) fue castigado con la ejecución inmediata.
El Régimen de Franco en España
Si bien España se mantuvo formalmente no beligerante durante la Segunda Guerra Mundial, la dictadura del general Francisco Franco cooperó activamente con la Gestapo en materia de represión política y mantuvo una obsesión patológica contra la orden, acuñando el término de la conspiración «Contubernio Judeo-Masónico».
En marzo de 1940, en plena posguerra civil y coincidiendo con el auge del Eje, Franco firmó la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo. El mero hecho de haber sido iniciado en la orden, sin importar el grado o la antigüedad, se castigaba con penas mínimas de 12 a 30 años de reclusión mayor. Los tribunales especiales especiales de Franco procesaron a miles de ciudadanos, dictando ejecuciones y expropiaciones patrimoniales masivas que destruyeron el tejido masónico español por espacio de cuatro décadas.
El Imperio del Japón
En el teatro de operaciones de Asia y el Pacífico, el militarismo imperial japonés prohibió terminantemente las actividades masónicas en todos los territorios ocupados (como Filipinas, Singapur, Hong Kong y las Indias Orientales Neerlandesas). Las autoridades japonesas consideraban que las logias eran redes de espionaje al servicio de las potencias anglosajonas. Los masones locales, en su mayoría residentes occidentales y élites autóctonas educadas en el exterior, fueron recluidos en brutales campos de prisioneros de guerra de las fuerzas armadas imperiales.
5. El Milagro del Campo de Concentración: La Logia «Liberté Chérie»
En medio de las condiciones infrahumanas, el hacinamiento y la muerte industrializada de los campos de concentración, la fraternidad masónica protagonizó uno de los capítulos de resistencia espiritual más extraordinarios de la historia contemporánea.
Fundación en el Bloque 6 de Esterwegen
En noviembre de 1943, un grupo de prisioneros políticos belgas e intelectuales que habían sido confinados bajo el decreto nazi Nacht und Nebel (Noche y Niebla) en el campo de concentración de Esterwegen (Emsland, Alemania) logró una hazaña inaudita. Siete masones belgas, conscientes del riesgo de muerte inmediata que corrían si eran descubiertos, decidieron fundar una logia masónica regular dentro del barracón número 6 del campo.
Nació así la Respetable Logia Liberté Chérie (Libertad Querida). El taller quedó constituido por los siguientes maestros masones:
- Paul Hanson (Venerable Maestro)
- Luc Somerhausen
- Jean De Schrijver
- Jean Sugg
- Franz Rochat
- Guy Hannecart
- Amédée Miclotte
Trabajos Rituales en el Infierno
Los hermanos de Liberté Chérie se reunían clandestinamente alrededor de una mesa de madera rústica utilizada para la clasificación de cartuchos de munición en el barracón. Para garantizar la seguridad del taller, utilizaban a prisioneros católicos y comunistas de absoluta confianza, quienes se apostaban en las ventanas y puertas del bloque para vigilar y dar la alarma ante la aproximación de los guardias de las SS.
Haciendo gala de una memoria prodigiosa, debido a la ausencia absoluta de libros de rituales, mandiles o herramientas físicas, los fundadores lograron consagrar el espacio y realizaron la iniciación formal de un nuevo hermano prisionero: Fernand Erauw. Los debates del taller no versaban sobre política o estrategia militar, sino sobre filosofía, la libertad del hombre y el diseño de las instituciones educativas para la Europa de la posguerra. La logia cesó sus trabajos a mediados de 1944, cuando los prisioneros fueron transferidos a otros campos del interior del Reich. De los ocho miembros de la logia, solo tres sobrevivieron al horror del Holocausto. Su sacrificio permanece hoy como el máximo símbolo del mantenimiento de la luz de la razón en medio de las tinieblas del totalitarismo.
6. Símbolos de Resistencia: El No me olvides (Forget-me-not)
La necesidad de mantener la comunicación y el reconocimiento mutuo en un entorno de delación generalizada obligó a los masones europeos a aguzar el ingenio, adoptando un discreto símbolo floral que sustituyó a las joyas masónicas tradicionales del pasado.

De la Gran Logia de Bayreuth al Uso Clandestino
A principios del siglo XX, la pequeña flor azul conocida popularmente como «No me olvides» (Forget-me-not en inglés, Vergissmeinnicht en alemán) había sido utilizada de forma puntual por la Gran Logia del Sol de Bayreuth como un distintivo benéfico. Sin embargo, a partir de la prohibición de las logias por el régimen nazi en 1935, el símbolo adquirió una dimensión completamente nueva y heroica.
Los maestros masones alemanes comenzaron a prender este pequeño pin de flor azul en las solapas de sus chaquetas de uso civil cotidiano en lugar de la tradicional escuadra y el compás. Para el ciudadano común y para la mirada de los agentes de la Gestapo, el pin parecía un adorno floral ordinario o el emblema de la organización benéfica nazi de auxilio de invierno (Winterhilfswerk).
Sin embargo, para los iniciados de la orden, la flor funcionaba como un lenguaje silencioso de reconocimiento. Les permitía identificar que quien la portaba era un hermano masón dispuesto a brindar refugio, ayuda económica o auxilio médico en medio del terror totalitario. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, durante la reapertura de los trabajos masónicos en Alemania en 1948, el «No me olvides» fue adoptado formalmente como el pin oficial de las Grandes Logias Unidas de Alemania, transformándose en el símbolo universal del recuerdo a los mártires de la orden.
7. La Masonería del Bando Aliado: El Esfuerzo de Guerra
Mientras los masones de la Europa continental sufrían el exterminio, en el bando de las potencias aliadas los miembros de la orden ocupaban las más altas responsabilidades políticas y militares, liderando la estrategia bélica destinada a aplastar los totalitarismos del Eje.
Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill
Los dos grandes arquitectos de la victoria aliada compartían una profunda vinculación institucional con la francmasonería:
- Franklin D. Roosevelt: El presidente de los Estados Unidos era un orgulloso y activo maestro masón, habiendo sido iniciado en la Logia Holland N° 8 de Nueva York en 1911. Durante su mandato, Roosevelt apoyó decididamente las actividades de socorro masónico internacional para los refugiados europeos y supervisó el despliegue logístico e industrial de su país utilizando los principios de solidaridad y equidad ciudadana.
- Winston Churchill: El carismático Primer Ministro británico fue iniciado en los misterios de la orden el 24 de mayo de 1901 en la célebre Logia Studholme N° 1591 de Londres. Aunque su intensa actividad política y periodística posterior limitó su asistencia regular a los templos durante los años de madurez, Churchill mantuvo un respeto irrestricto por los valores masónicos tradicionales de la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE), institución que funcionó como un pilar de la resiliencia moral del pueblo británico durante los bombardeos del Blitz.
Los Altos Mandos Militares Masones
El esfuerzo militar y la planificación estratégica de las operaciones más complejas de la guerra estuvieron dirigidos por oficiales de alta graduación que lucían con orgullo sus mandiles masónicos en la vida civil:
| Líder Militar Aliado | Rango / Responsabilidad en la Guerra | Filiación Masónica Destacada |
|---|---|---|
| General George Marshall | Jefe de Estado Mayor del Ejército de los EE. UU. Diseñador de la estrategia global aliada y posterior Plan Marshall. | Iniciado «a la vista» por el Gran Maestro de la Gran Logia de Pensilvania debido a sus extraordinarios servicios cívicos. |
| General Douglas MacArthur | Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en el Teatro del Pacífico Suroeste. | Masón de Grado 33 del Rito Escocés, afiliado a la Logia Manila N° 1 en Filipinas. |
| General Omar Bradley | Comandante del XII Grupo de Ejércitos de EE. UU. en Europa, clave en el desembarco de Normandía. | Miembro activo de la Logia West Point N° 877 del Estado de Nueva York. |
| Almirante Ernest King | Comandante en Jefe de la Flota de los Estados Unidos durante toda la campaña naval de la guerra. | Iniciado en la Logia George C. Whiting N° 22 en Washington D.C. |
Conclusión: El Renacimiento de las Cenizas
El desenlace de la Segunda Guerra Mundial en mayo de 1945 con la capitulación incondicional del Tercer Reich significó el fin de la pesadilla totalitaria y el inicio de una colosal tarea de reconstrucción para la francmasonería universal.
Las logias sobrevivientes de Francia, Bélgica, Países Bajos y la propia Alemania debieron empezar prácticamente desde cero. Con sus templos destruidos o transformados en almacenes militares, sus bibliotecas robadas y dispersas por los archivos secretos de la Unión Soviética (que incautó la base de datos de la RSHA en Berlín) y la mayor parte de sus maestros asesinados, la orden demostró una capacidad de resiliencia institucional verdaderamente asombrosa.
La lección histórica de la Segunda Guerra Mundial es concluyente: los valores de la francmasonería no pueden ser destruidos mediante decretos policiales o violencia física. El martirio de los miles de hermanos que portaron la flor del «No me olvides» o que hicieron resonar la maza en las barracas de Esterwegen demostró al mundo que la búsqueda de la verdad, la libertad de conciencia y la fraternidad universal constituyen aspiraciones humanas inalienables que siempre terminarán por emerger con fuerza indomable sobre las cenizas de cualquier tiranía.
Fuentes Bibliográficas e Historiográficas de Referencia
- United States Holocaust Memorial Museum (USHMM): Freemasonry under the Nazi Regime. Archivos Históricos de Washington D.C.
- Ferrer Benimeli, José Antonio: La Masonería Española y Latinoamericana ante los Totalitarismos del Siglo XX. Universidad de Zaragoza, 1995.
- Neuberger, Helmut: Freimaurerei und Nationalsozialismus (Masonería y Nacionalsocialismo). Ediciones Bauhütten, Hamburgo, 1980 (2 tomos).
- Combes, André: La Franc-maçonnerie sous l’occupation: Persécution et Résistance (La Francmasonería bajo la ocupación: Persecución y Resistencia). Éditions du Rocher, París, 2001.
- Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE): The Masonic Forget-Me-Not and the History of Lodges in Captivity. Conferencia Anual del Quatuor Coronati, Londres, 2012.
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