Hay una frase que resume tres siglos en seis palabras. La escribió el Dr. José Antonio Ferrer Benimeli, la mayor autoridad académica mundial en historia de la masonería española, como primera línea de su estudio más conocido: «La historia de la Masonería en España es, ante todo, la historia de su persecución».
Es una frase que merece detenerse en ella. No dice que la historia de la masonería española sea gloriosa, ni conspiratoria, ni misteriosa. Dice que es una historia de persecución. Eso cambia la perspectiva completamente.
Desde que el duque de Wharton fundó la primera logia en una calle de Madrid en 1728 hasta la muerte de Franco en 1975, la masonería española estuvo prohibida durante la mayor parte de su existencia. Perseguida por la Inquisición, por los absolutismos del siglo XIX, por la dictadura de Primo de Rivera y, finalmente, durante casi cuatro décadas de franquismo con una ley penal específica que convirtió en delito el solo hecho de haber sido iniciado en una logia.
Y sin embargo, sobrevivió. Esa capacidad de resistencia es quizás la clave para entender la masonería española: sus miembros creían genuinamente en lo que defendían. Libertad de pensamiento. Igualdad de los ciudadanos. Fraternidad universal. Valores que hoy parecen obvios pero que en la España de los siglos XVIII, XIX y XX fueron perseguidos con la misma ferocidad con que se perseguía la herejía.
Este artículo recorre esa historia completa: desde los ingleses que fundaron la primera logia madrileña hasta las obediencias que trabajan hoy libremente en democracia, pasando por los episodios más dramáticos de una historia que es, en el fondo, la historia de la lucha por la libertad en España.
«La historia de la Masonería en España es, ante todo, la historia de su persecución.» — José Antonio Ferrer Benimeli, La masonería española (Istmo, 1996)
Índice
- La primera logia española: Madrid, 1728
- La Inquisición contra la masonería (siglo XVIII)
- El mito del conde de Aranda y la masonería bonapartista
- Masonería y liberalismo: el siglo XIX
- La Gloriosa y el Sexenio Democrático (1868–1874)
- La masonería y la pérdida del Imperio colonial
- La Restauración y la dictadura de Primo de Rivera
- El apogeo republicano (1931–1936): los datos reales
- La Guerra Civil: asalto a las logias y fusilamientos
- La Ley de Represión de la Masonería (1940) y el TERMC
- El exilio masónico: Francia y México
- La Transición y el renacimiento masónico
- La masonería española hoy
- Cronología completa: 1728–2026
- Masones españoles ilustres
- Fuentes y bibliografía académica
1. La primera logia española: Madrid, 1728
Once años después de que cuatro logias londinenses fundaran la primera Gran Logia del mundo, la masonería cruzaba los Pirineos. La fecha es precisa, está documentada y ha sido verificada por Ferrer Benimeli con el rigor que caracteriza su investigación: el 15 de febrero de 1728.
El lugar: el Hotel de las Tres Flores de Lys, en la calle ancha de San Bernardo de Madrid. Los fundadores: un grupo de ingleses de paso por la capital, encabezados por el duque de Wharton. La logia recibió el número 50 del registro oficial de la Gran Logia de Londres.
El duque de Wharton es una figura fascinante y contradictoria: aristócrata inglés, tory impulsivo, antiguo Gran Maestre de la Gran Logia de Inglaterra, que en el momento de fundar la primera logia española estaba paradójicamente al servicio del rey Felipe V de España. Murió apenas tres años después, en 1731, en el monasterio de Poblet (Cataluña), donde fue enterrado. La primera logia española tiene, literalmente, un fundador enterrado en suelo español.
Al año siguiente, en 1729, se fundó la segunda logia española, número 51, en Gibraltar, también compuesta exclusivamente de ingleses. En 1731, el capitán James Comerford fue nombrado Gran Maestre Provincial para Andalucía, jurisdicción que incluía expresamente «la roca o fortaleza de Gibraltar y lugares adyacentes». Gibraltar sería desde entonces un foco permanente de influencia masónica sobre la España peninsular, dato significativo que ayuda a entender la desconfianza española hacia la masonería como fenómeno asociado al mundo anglosajón.
También en Menorca, durante las sucesivas ocupaciones inglesas del siglo XVIII, la investigación de Ferrer Benimeli constata la presencia masónica y la formación de al menos siete logias militares. La masonería del siglo XVIII en España fue, fundamentalmente, un fenómeno de extranjeros.
Fuente: José Antonio Ferrer Benimeli, La masonería española en el siglo XVIII (Siglo XXI, 1974); Museo Virtual de Historia de la Masonería, UNED.
2. La Inquisición contra la masonería (siglo XVIII)
La Inquisición española y la masonería eran, desde el principio, dos fuerzas irreconciliables. No por una incompatibilidad teológica abstracta, sino por algo más concreto y amenazante: la logia masónica era un espacio donde hombres de distintas creencias debatían en igualdad y donde nadie podía imponer una verdad revelada. Para la Inquisición, eso era sencillamente intolerable.
La primera condena papal llegó en 1738, apenas diez años después de la fundación de la primera logia madrileña. La bula In Eminenti del papa Clemente XII fue adoptada de inmediato en España: el Inquisidor General prohibió la masonería ese mismo año. Fernando VI añadió un edicto en 1751. Carlos III, a pesar de su fama de ilustrado, también persiguió la orden.
Los documentos inquisitoriales conservados en el Archivo Histórico Nacional —estudiados en profundidad por Ferrer Benimeli— muestran que la Inquisición sabía muy poco sobre lo que realmente ocurría en las logias españolas, y que mucho de lo que creía saber era incorrecto. Las logias de este período eran fundamentalmente extranjeras, sus miembros eran difíciles de identificar y sus rituales eran incomprensibles para los inquisidores. El miedo a lo desconocido alimentó la represión tanto como cualquier acusación concreta.
«En el seno de algunos pueblos, y lo digo para su vergüenza, la masonería está proscrita por leyes inspiradas en la superstición y la ignorancia.» — Discurso de apertura de la logia Los Amigos Fieles de Napoleón, Zaragoza, 1811. Citado por Ferrer Benimeli.
Fuente: José Antonio Ferrer Benimeli, ‘El discurso masónico y la Inquisición en el paso del siglo XVIII al XIX’, Anuario de Historia del Derecho Español (1998); La masonería española en el siglo XVIII (Siglo XXI, 1974).
3. El mito del conde de Aranda y la masonería bonapartista
El mito que Ferrer Benimeli desmontó
Durante generaciones, la tradición masónica española se enorgulleció de un dato que resultó ser falso: la pertenencia a la orden del conde de Aranda, el poderoso ministro de Carlos III, y del propio rey. La historia lo presentaba como Gran Maestre de una gran logia española bajo patrocinio de la Corona.
Ferrer Benimeli desmontó esta leyenda con rigor documental en su investigación sobre la masonería del siglo XVIII. No existe ningún documento que acredite la pertenencia de Aranda, de Carlos III ni de Campomanes a la masonería. Su supuesta condición masónica fue, según el historiador aragonés, una fabricación posterior de la historiografía masónica, que «fabricó una historia manipulada y legendaria de la masonería a fin de dotarla de ancestros ilustres».
Es un ejemplo de autocrítica académica poco común: el principal historiador de la masonería española dedicó parte de su obra a desmentir las leyendas que la propia tradición masónica había construido sobre sí misma.
La masonería bonapartista (1808–1813): un paréntesis efímero
La invasión napoleónica de 1808 trajo consigo el primer impulso masónico verdaderamente organizado en España. José Bonaparte era masón, y muchos de los funcionarios y militares franceses que le acompañaban también lo eran. Las logias proliferaron en las zonas bajo control francés, con nombres como Los Amigos Fieles de Napoleón o la logia San José de Madrid.
Pero este impulso desapareció con los franceses. El general Castaños —vencedor de la batalla de Bailén, el primer gran revés napoleónico— dejó escrita una valoración tan mordaz como precisa: «Antes de 1809, época en que los franceses establecieron formalmente la masonería, en España ser masón y no ser nada eran una misma cosa».
La frase de Castaños, citada por Ferrer Benimeli, ilumina perfectamente la paradoja de la masonería española del siglo XVIII: existía formalmente desde 1728, pero era tan minoritaria y tan asociada a los extranjeros que apenas había dejado huella en la sociedad española.
Fuente: José Antonio Ferrer Benimeli, La masonería española en el siglo XVIII (Siglo XXI, 1974); ‘El discurso masónico y la Inquisición’, AHDE (1998).
4. Masonería y liberalismo: el siglo XIX
El siglo XIX es cuando la masonería española deja de ser un fenómeno de extranjeros y se convierte en algo genuinamente español. Son militares liberales, intelectuales, comerciantes, profesionales de las ciudades que encuentran en la logia un espacio de encuentro, debate y formación en una España sacudida por guerras carlistas, pronunciamientos y revoluciones fallidas.
La represión absolutista de Fernando VII —con catorce edictos y prohibiciones reales entre 1814 y 1833, la obligación de declaración jurada para cualquier funcionario público y el trato de los masones como reos de crimen de rebelión— tuvo un efecto paradójico: convirtió a la masonería en sinónimo de liberalismo y en símbolo de resistencia al absolutismo.
Esta identificación entre masonería y liberalismo es uno de los rasgos más característicos de la historia española y uno de los que explican la virulencia de la represión franquista un siglo después. Para los sectores más conservadores del catolicismo y del ejército, masonería y liberalismo eran la misma amenaza con distintos nombres.
El Trienio Liberal (1820–1823): el ensayo
El pronunciamiento del coronel Riego en 1820 abrió un breve período de libertades conocido como el Trienio Liberal, durante el cual la masonería pudo operar con cierta normalidad. Las logias proliferaron y alcanzaron una presencia significativa en las ciudades españolas más dinámicas. Tres años después, la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis —el ejército europeo enviado para restaurar el absolutismo— acabó con el experimento y reactivó la persecución.
El patrón se repetiría varias veces a lo largo del siglo XIX: un período de libertad relativa seguido de una represión violenta. Cada ciclo dejaba a la masonería más profundamente asociada al campo liberal y progresista, y más visceralmente odiada por el campo absolutista y ultracatólico.
Fuente: Museo Virtual de Historia de la Masonería, UNED; Ferrer Benimeli, Masonería española contemporánea, vol. 1 (Siglo XXI, 1987).
5. La Gloriosa y el Sexenio Democrático (1868–1874)
El 18 de septiembre de 1868, el almirante Juan Topete sublevó la escuadra en Cádiz dando inicio a La Gloriosa, la revolución que derrocó a Isabel II. Entre sus protagonistas, los masones eran abundantes y sus nombres formarían la primera lista documentada de jefes de gobierno masones en la historia española.
El estudio de Ferrer Benimeli en Jefes de Gobierno masones. España 1868–1936 (La Esfera de los Libros, 2007) identifica diez presidentes del Consejo de Ministros masones entre La Gloriosa y el golpe de Franco en 1936. Los cuatro primeros —Juan Prim, Manuel Ruiz Zorrilla, Práxedes Mateo Sagasta y Segismundo Moret— pertenecían al Partido Progresista y fueron protagonistas directos de la revolución de 1868.
El Sexenio Democrático (1868–1874) fue el período de mayor libertad política del siglo XIX español y el de mayor actividad masónica visible. Se fundaron nuevas logias en toda España, se crearon grandes orientes nacionales y la orden alcanzó una presencia social sin precedentes.
La Primera República (1873–1874), aunque duró apenas once meses y tuvo cuatro presidentes, fue un período de intensa actividad masónica. El debate sobre si Pi i Margall, su presidente más conocido, era masón ha sido resuelto negativamente por Ferrer Benimeli: no encontró documentación que lo acredite.
Fuente: José Antonio Ferrer Benimeli, Jefes de Gobierno masones. España 1868-1936 (La Esfera de los Libros, 2007).
6. La masonería y la pérdida del Imperio colonial
Uno de los capítulos más relevantes y menos conocidos de la historia masónica española es su vinculación con los movimientos de independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La conexión es directa, documentada y políticamente explosiva para la España de la Restauración.
Las logias masónicas de Cuba fueron un espacio de encuentro entre criollos españoles y cubanos que compartían el ideal de independencia. El Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí en Nueva York en 1892, tenía fuertes vínculos con la masonería cubana. El propio Martí era masón activo, iniciado en la logia Caballeros de la Luz de Nueva York.
En Filipinas, el paralelismo es notable. José Rizal —médico, novelista y héroe de la independencia filipina— fue iniciado masón en Madrid en 1883, durante sus años de estudiante en España. Muchos de los miembros de la Liga Filipina que fundó eran también hermanos de logia. Andrés Bonifacio, fundador del Katipunan, era masón.
Esta conexión entre la masonería y el anticolonialismo dejó una herida profunda en la percepción que las élites militares y eclesiásticas españolas tenían de la orden. Para ellos, la masonería no era solo una fraternidad filosófica: era la organización que había coordinado la pérdida del Imperio. Esta percepción, exagerada pero no completamente infundada, envenenó la relación entre la derecha española y la masonería durante décadas, hasta desembocar en la represión franquista.
Fuente: Ferrer Benimeli, Masonería española contemporánea, vol. 2 (Siglo XXI, 1987).
7. La Restauración y la dictadura de Primo de Rivera
El sistema de la Restauración (1874–1923) permitió a la masonería operar con cierta discreción, aunque nunca con reconocimiento pleno. Las logias continuaron activas, especialmente en Andalucía, Cataluña y las ciudades portuarias con mayor presencia de comerciantes y profesionales liberales.
La figura masónica más influyente de la Restauración fue Segismundo Moret, que ocupó varias veces la presidencia del Consejo de Ministros entre 1905 y 1906. Pero la masonería de este período vivía en una tensión constante: formalmente tolerada, vigilada en la práctica, incapaz de actuar abiertamente en un sistema político que combinaba la fachada democrática con el caciquismo y la corrupción sistémica.
La dictadura de Primo de Rivera (1923–1930)
El golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923, con el consentimiento de Alfonso XIII, trató a la masonería con hostilidad moderada pero constante. Las logias no fueron ilegalizadas formalmente, pero fueron vigiladas, sus publicaciones censuradas y sus actividades dificultadas.
Este período fue importante, sin embargo, para entender lo que vendría después. Muchos de los hombres que protagonizarían la Segunda República se conocieron, debatieron y se formaron políticamente durante la oposición a la dictadura. Las logias masónicas fueron uno de los espacios donde ese proceso tuvo lugar. El franquismo lo sabría y no lo olvidaría.
8. El apogeo republicano (1931–1936): los datos reales
La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 abrió el período de mayor libertad y mayor influencia de la masonería española. Pero conviene ser precisos, porque la propaganda franquista exageró deliberadamente esa influencia para desacreditar a la República, y algunos relatos posteriores han reproducido esa exageración sin contrastarla.
Los datos documentados por Ferrer Benimeli son los siguientes: en las Cortes Constituyentes de 1931, 183 de los 458 diputados eran miembros de alguna logia masónica. No eran mayoría. Pero eran una presencia significativa, concentrada sobre todo en los grupos republicanos de izquierda.
La distribución masónica en las Cortes de 1931
- Esquerra Republicana de Cataluña: 10 masones de 26 diputados.
- Acción Republicana (partido de Azaña): 19 masones de 28 diputados.
- Partido Radical-Socialista: 34 masones de 54 diputados.
- Partidos federales: 48 masones de 89 diputados.
- Partido Socialista Obrero Español: 44 masones de 119 diputados.
Seis de los once ministros del Gobierno Provisional eran masones: Manuel Azaña, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Ricardo Samper Ibáñez, Manuel Portela Valladares y Santiago Casares Quiroga.
Fuente: Ferrer Benimeli, citado en ‘Francmasonería en España’, Wikipedia ES; Cayetano Núñez Rivero, ‘La masonería y la Segunda República española (1931-1939)’.
El caso Azaña: el masón que apenas lo fue
Manuel Azaña es quizás el político más asociado a la masonería en el imaginario popular español, en gran medida por la propaganda franquista que lo convirtió en símbolo de la supuesta conspiración masónica. Le dibujaron literalmente con cuernos y rabo de Lucifer. Su nombre se convirtió en sinónimo de masón para millones de españoles.
La realidad histórica, según la investigación de Ferrer Benimeli, es considerablemente más modesta: Azaña fue iniciado masón, pero solo asistió a una sesión de logia. Su compromiso con la orden fue prácticamente inexistente. El mayor símbolo del «peligro masónico» para el franquismo era un hombre que apenas había cruzado el umbral de una logia.
El límite real: 6.000 masones en una España de 23 millones
El dato más revelador sobre la masonería republicana es su tamaño real. En su momento de mayor esplendor, la masonería española no superaba los 6.000 miembros activos, según Ferrer Benimeli. En un país de más de 23 millones de habitantes, eso representa una proporción minúscula: menos del 0,03% de la población.
La masonería tenía influencia, pero no poder hegemónico. Era una red de personas comprometidas con los valores liberales y laicos, en un momento en que esos valores estaban en el centro del debate político. Su visibilidad era desproporcionada respecto a su tamaño real, lo que facilitó que sus enemigos la convirtieran en chivo expiatorio de todo lo que no les gustaba de la República.
«Quienes le dan más importancia [a la masonería] son sus detractores o apologistas, mientras que quienes la defienden a todo trance la ven como un complemento iniciático sin mayor relevancia política.» — José Antonio Ferrer Benimeli
Fuente: Ferrer Benimeli, Jefes de Gobierno masones (2007); ‘La masonería en la España del siglo XX’.
9. La Guerra Civil: asalto a las logias y fusilamientos (1936–1939)
El 18 de julio de 1936 fue el inicio del período más oscuro de la historia masónica española. Desde el primer momento, la masonería fue uno de los objetivos prioritarios de los sublevados. No por lo que hacía, sino por lo que representaba: libertad de pensamiento, laicismo, internacionalismo, todo lo que el nacionalismo franquista odiaba.
El primer decreto antimasónico de Franco data del 15 de septiembre de 1936, firmado en Santa Cruz de Tenerife. Declaraba la masonería fuera de la ley y confiscaba todos sus bienes. Antes de que existiera ninguna ley formal, ya habían comenzado los fusilamientos.
El asalto sistemático a las logias
Una de las primeras medidas de los sublevados en cada territorio que ocupaban era el asalto, saqueo e incautación de los locales masónicos. Los ejemplos documentados por la UNED son elocuentes:
- El local de la logia Turdetania de Córdoba fue incendiado.
- El templo masónico de Santa Cruz de Tenerife fue incautado y convertido en sede de Falange.
- En toda la zona franquista, los archivos masónicos confiscados eran enviados vigilados al Servicio de Recuperación de Documentos de Salamanca.
Ese archivo de Salamanca —hoy Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH)— acumuló una colección sin parangón mundial: miles de documentos, fichas, objetos rituales, joyas, mandiles y bandas incautados a las logias españolas. El franquismo, con su obsesión persecutoria, conservó involuntariamente la mayor colección de documentación masónica española del mundo.
Los fusilamientos: el precio de pertenecer a una logia
Antes de que existiera ninguna ley específica, los masones eran ejecutados por el solo hecho de serlo. Los datos que conserva la investigación académica son estremecedores en su precisión:
- De la logia Helmantia de Salamanca fueron fusilados 30 masones, entre ellos un pastor de la iglesia evangélica.
- De la logia Constancia de Zaragoza perecieron otros 30 afiliados.
El fichero de Salamanca: 80.000 fichas para 6.000 masones
El dato más revelador de la magnitud de la obsesión represiva franquista es la desproporción entre el número real de masones y el número de fichas acumuladas en Salamanca. Si en 1936 la masonería española no superaba los 6.000 miembros activos, el fichero franquista contenía unas 80.000 fichas de supuestos masones.
La explicación es sencilla y aterradora: el aparato represivo incluía a cualquier persona que hubiera tenido cualquier contacto con la orden, por remoto o antiguo que fuera. Estar en ese fichero podía costarte la vida, el embargo de bienes o la expulsión de tu empleo. La desproporción entre la amenaza real y la respuesta represiva es una de las marcas más características del régimen franquista.
La sala masónica del CDMH de Salamanca conserva una recreación de una logia de los años cuarenta realizada con objetos originales incautados a los masones. Es, según sus propios responsables, un documento único en el mundo: un espacio concebido por el franquismo para ridiculizar a la masonería que hoy se ha convertido en su mayor archivo.
Fuente: Museo Virtual de Historia de la Masonería, UNED; CDMH, Salamanca, Ministerio de Cultura; palinkablog.wordpress.com (enero 2026); salamancahoy.es (julio 2025).
10. La Ley de Represión de la Masonería (1940) y el TERMC
El 1 de marzo de 1940 —nueve meses después del fin de la Guerra Civil— Franco firmó uno de los textos jurídicos más singulares del siglo XX español: la Ley para la Represión de la Masonería, el Comunismo y demás Sociedades Clandestinas.
La ley equiparaba ser masón con cometer un delito grave contra la patria. Las penas podían llegar a 30 años de prisión. El elemento más aberrante era la retroactividad: no importaba cuándo habías sido iniciado, ni si seguías siendo activo, ni si habías abandonado la orden décadas atrás. Haber pertenecido alguna vez a una logia era suficiente para ser procesado.
El Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC)
Con esa misma fecha quedaba constituido el TERMC, un tribunal creado específicamente para perseguir a los masones. Su actividad fue incesante: solo en 1942 se sustanciaron 3.699 expedientes, de los que resultaron condenados 924 —la cuarta parte—. El tribunal estuvo en vigor hasta 1963, cuando fue sustituido por el Tribunal de Orden Público. Sus fondos documentales se conservan hoy en el CDMH de Salamanca.
La obsesión personal de Franco: el mito de Larache
La historia de la relación personal de Franco con la masonería incluye un episodio que la tradición masónica repitió durante décadas como explicación de su antimassonismo: habría solicitado su ingreso en la logia Lukus de Larache en 1925 y habría sido rechazado, lo que habría desencadenado su odio personal a la orden.
Ferrer Benimeli ha analizado este relato y concluye que carece de base documental sólida. Lo que sí está documentado es que Franco escribió durante años, bajo el pseudónimo Jakim Boor, artículos ferozmente antimasónicos en el diario Arriba, y que su obsesión por la orden fue real, constante y desproporcionada. Las razones precisas de esa obsesión siguen siendo objeto de debate historiográfico.
Fuente: Museo Virtual de Historia de la Masonería, UNED; CDMH, Salamanca (fondos TERMC), Ministerio de Cultura; tiempodehistoria.com (enero 2023).
11. El exilio masónico: Francia y México (1939–1975)
Los masones españoles que lograron escapar del franquismo no abandonaron la orden: la reconstruyeron en el exilio. Francia y México fueron sus dos grandes centros, como lo fueron del exilio republicano en general.
El exilio en Francia
Las logias del exilio francés mantuvieron la continuidad institucional de las obediencias españolas, especialmente del Gran Oriente Español. En ciudades como París, Toulouse y Burdeos, los masones exiliados continuaron sus trabajos, acogieron nuevos miembros y preservaron los archivos que habían logrado salvar. La vida masónica en el exilio francés estuvo marcada por las dificultades económicas del destierro, por la Segunda Guerra Mundial —que también persiguió a los masones en la Francia ocupada— y por el amargo espectáculo de ver cómo el franquismo se consolidaba con apoyo internacional.
El exilio en México
México fue el otro gran centro del exilio masónico español. El presidente Lázaro Cárdenas, que acogió a decenas de miles de republicanos españoles, tenía simpatía por la masonería, lo que facilitó la reconstrucción de logias españolas en territorio mexicano.
La investigación académica de Yván Pozuelo Andrés —publicada en la Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña (REHMLAC)— documenta en detalle el funcionamiento de estas logias del exilio, la creación de la logia Lázaro Cárdenas número 3 del Gran Oriente Español en el Exilio, y las redes masónicas internacionales que ayudaron a los masones españoles exiliados.
El Gran Oriente Español en el Exilio en México publicó un boletín oficial que constituye hoy una fuente primaria de primera magnitud para la historia de la masonería española del siglo XX, conservado parcialmente en el CDMH de Salamanca.
Fuente: Yván Pozuelo Andrés, ‘El exilio en México desde la masonería española’, REHMLAC, vol. 13, núm. 2 (2021); CDMH, Salamanca.
12. La Transición y el renacimiento masónico (1975–1990)
Con la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y el inicio de la Transición democrática, la masonería española pudo salir de la clandestinidad y del exilio. Fue un proceso gradual y no exento de dificultades: la Ley de Represión de la Masonería no fue formalmente derogada hasta 1980.
La reconstrucción fue difícil. Los archivos habían sido confiscados, los locales destruidos o apropiados, y la mayoría de los masones que habían vivido el apogeo republicano eran ya ancianos o habían muerto. Los masones exiliados comenzaron a regresar y a reconstituir sus obediencias prácticamente desde cero.
Las nuevas obediencias democráticas
1979 Fundación de la Gran Logia de España, primera obediencia masónica española reconocida internacionalmente tras el franquismo.
1980 Las Cortes democráticas derogan formalmente la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo.
1982 Fundación del Gran Oriente Español democrático, continuación de la histórica obediencia republicana.
Años 90 Se consolidan otras obediencias: Derecho Humano (mixta), Masonería Femenina de España, Gran Logia Simbólica Española.
La masonería española de la democracia se caracterizó desde el principio por una discreción que contrastaba con la visibilidad republicana. Quizás el peso de la represión sufrida había dejado su huella. Quizás la sociedad española de la Transición tenía otras urgencias. En todo caso, la reconstrucción fue sólida aunque silenciosa.
Fuente: Manuel Según Alonso, La masonería en España. Historia inconclusa de un sueño de libertad (1728-2022) (Editatum, 2023); Museo Virtual de Historia de la Masonería, UNED.
13. La masonería española hoy
La masonería opera hoy en España con total libertad legal. Sus principales obediencias tienen logias en las principales ciudades del país y mantienen una actividad cultural y filosófica discreta pero constante.
Las obediencias activas
- Gran Logia de España (GLE): obediencia de carácter regular, reconocida por la Gran Logia Unida de Inglaterra. Admite exclusivamente a hombres. Es la obediencia más numerosa del país.
- Gran Oriente Español (GOE): heredero de la histórica obediencia republicana. Admite hombres y mujeres en igualdad. Orientación más liberal.
- Gran Logia Simbólica Española: obediencia de carácter filosófico y académico.
- Derecho Humano: obediencia mixta internacional con presencia significativa en España.
- Masonería Femenina de España: obediencia exclusivamente femenina.
El CDMH de Salamanca: el archivo más completo del mundo
Para quien quiera conocer la historia de la masonería española, el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca es una visita obligada. Custodia la mayor colección de documentación masónica española del mundo: más de 80.000 fichas, miles de documentos, objetos rituales, joyas, mandiles y bandas, todo ello incautado por el franquismo y conservado paradójicamente gracias a la obsesión represiva del régimen.
La sala masónica del CDMH, con su recreación de una logia de los años cuarenta realizada con objetos originales, es, según sus propios responsables, un espacio único a nivel mundial por la amplitud y profundidad de los materiales que conserva.
Fuente: Centro Documental de la Memoria Histórica, Ministerio de Cultura; salamancahoy.es (julio 2025); palinkablog.wordpress.com (enero 2026).
14. Cronología completa de la masonería en España (1728–2026)
1728 El duque de Wharton funda la primera logia española en Madrid, calle San Bernardo. Número 50 del registro de la Gran Logia de Londres.
1729 Segunda logia española, número 51, en Gibraltar.
1731 James Comerford nombrado Gran Maestre Provincial para Andalucía y Gibraltar.
1738 Bula In Eminenti de Clemente XII. El Inquisidor General prohíbe la masonería en España.
1751 Fernando VI promulga un edicto condenando la masonería.
1808–1813 Invasión napoleónica. Logias bonapartistas en zonas bajo control francés, efímeras.
1814–1820 Restauración de Fernando VII. Catorce edictos y prohibiciones. Represión feroz.
1820–1823 Trienio Liberal: la masonería opera con relativa libertad.
1823 Intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis. Nueva represión.
1833–1868 Período moderado. La masonería sobrevive clandestina, identificada con el liberalismo.
1868 La Gloriosa. Protagonistas masones: Prim, Ruiz Zorrilla, Sagasta. Sexenio Democrático.
1873–1874 Primera República española. Actividad masónica intensa.
1874–1898 Restauración. La masonería conecta con los independentismos de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
1883 José Rizal iniciado masón en Madrid.
1923–1930 Dictadura de Primo de Rivera. Hostigamiento moderado.
1931 Segunda República. 183 diputados masones en las Cortes Constituyentes.
1931–1936 Máximo esplendor masónico: unos 6.000 miembros activos en toda España.
1936 Golpe del 18 de julio. Primer decreto antimasónico de Franco (15 septiembre).
1936–1939 Guerra Civil. Asalto a logias, fusilamientos, confiscación masiva de archivos.
1939 Ley de Responsabilidades Políticas (9 de febrero).
1940 Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo (1 marzo). Creación del TERMC.
1940–1975 Exilio masónico en Francia y México. Las logias sobreviven en el exterior.
1963 El TERMC es sustituido por el Tribunal de Orden Público.
1975 Muerte de Franco. Inicio de la Transición democrática.
1979 Fundación de la Gran Logia de España. Derogación de la Ley de Represión (1980).
1982 Fundación del Gran Oriente Español democrático.
2026 La masonería opera libremente en España con cinco obediencias activas.
15. Masones españoles ilustres
Esta lista incluye únicamente a personas cuya condición masónica está documentada académicamente.
Políticos y militares del siglo XIX
- General Juan Prim (1814–1870): jefe de gobierno, artífice de La Gloriosa.
- Manuel Ruiz Zorrilla (1833–1895): presidente del Consejo de Ministros.
- Práxedes Mateo Sagasta (1825–1903): presidente del Consejo de Ministros.
- Segismundo Moret (1838–1913): presidente del Consejo de Ministros.
Segunda República
- Manuel Azaña (1880–1940): presidente de la República. Iniciado masón, asistió a una sola tenida.
- Alejandro Lerroux (1864–1949): presidente del Consejo de Ministros.
- Diego Martínez Barrio (1883–1962): presidente de la República en el exilio, Gran Maestre del Gran Oriente Español.
- Santiago Casares Quiroga (1884–1950): presidente del Consejo de Ministros.
Figuras vinculadas a España
- José Rizal (1861–1896): iniciado en Madrid en 1883. Héroe de la independencia filipina.
Fuente: José Antonio Ferrer Benimeli, Jefes de Gobierno masones. España 1868-1936 (La Esfera de los Libros, 2007).
16. Fuentes y bibliografía académica
Obras del Dr. José Antonio Ferrer Benimeli (Universidad de Zaragoza)
- La masonería española en el siglo XVIII. Siglo XXI de España Editores, 1974.
- Masonería española contemporánea (2 vols.). Siglo XXI de España Editores, 1987.
- La masonería española: la historia en sus textos. Madrid, 1996.
- Jefes de Gobierno masones. España 1868-1936. La Esfera de los Libros, 2007.
- La masonería española. Represión y exilios (coord.). Gobierno de Aragón / CEHME, 2010.
- ‘El discurso masónico y la Inquisición en el paso del siglo XVIII al XIX’. Anuario de Historia del Derecho Español, 1998.
Otras obras académicas
- Manuel Según Alonso: La masonería en España. Historia inconclusa de un sueño de libertad (1728-2022). Editatum, 2023.
- Yván Pozuelo Andrés: ‘El exilio en México desde la masonería española’. REHMLAC, vol. 13, núm. 2, 2021.
- Yván Pozuelo Andrés: La masonería en Asturias (1931-1939). Universidad de Oviedo, 2012.
- Cayetano Núñez Rivero: ‘La masonería y la Segunda República española (1931-1939)’. Artículo académico.
- XV Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española. CEHME / Universidad de Sevilla, 2018-2020.
- José Martínez Millán: ‘Fuentes para el estudio de la masonería en la Sección de Inquisición del AHN’. I Symposium de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española, Zaragoza, 1983.
Archivos e instituciones
- Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH). Salamanca, Ministerio de Cultura de España.
- Museo Virtual de Historia de la Masonería. UNED, Madrid.
- Archivo Histórico Nacional (AHN), Sección Inquisición. Madrid.
- Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña (REHMLAC). Universidad de Costa Rica.
Conclusión: una historia inconclusa de un sueño de libertad
Tres siglos después de que el duque de Wharton convocara a un grupo de ingleses en un hotel de la calle San Bernardo, la masonería española sigue viva. Ha sobrevivido a la Inquisición, a doce prohibiciones distintas, a una guerra civil, a cuatro décadas de represión franquista, al exilio, al olvido y a la leyenda negra que sus enemigos construyeron sobre ella.
Manuel Según Alonso tituló su historia de la masonería española como «Historia inconclusa de un sueño de libertad». La definición es precisa. Es la historia de una institución que pagó un precio altísimo por defender los valores que hoy consideramos fundamentales en cualquier democracia: libertad de pensamiento, igualdad de los ciudadanos ante la ley, fraternidad entre los seres humanos.
La historia de la masonería en España no puede entenderse sin entender la historia de la libertad en España. Cada vez que la libertad avanzó, la masonería avanzó. Cada vez que fue perseguida, la libertad también lo fue. Esa correspondencia no es una conspiración: es la demostración de que los valores de la masonería y los valores de la democracia son, en el fondo, los mismos valores.
«La historia de la Masonería en España es, ante todo, la historia de su persecución.» — José Antonio Ferrer Benimeli. Y también la historia de su supervivencia.ecución, exilio y renacimiento (1728–2026)
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