La Masonería en el Perú: Historia, Secretos y su Rol Actual

La masonería en el Perú es una institución rodeada de misticismo y debates historiográficos, cuyo trayecto se entrelaza íntimamente con la construcción del Estado republicano. Desde los círculos conspirativos que buscaron la emancipación del Imperio Español hasta su rol en la sociedad contemporánea, la Orden ha mantenido una presencia constante, aunque discreta, en el devenir político, cultural y ético del país.

1. Los Inicios: Emancipación y Logias Lautarinas (1816–1824)

Contrario a la creencia popular de que la masonería llegó plenamente constituida en el siglo XVIII, las evidencias documentales más sólidas sitúan los primeros movimientos con fines políticos definidos a las puertas de la independencia.

El germen independentista

Hacia fines de 1816, se fundó en el virreinato la logia Paz y Perfecta Unión. Esta organización operaba bajo el esquema de las logias lautarinas o caballeros racionales, un modelo de sociabilidad de corte masónico inspirado en las redes europeas fundadas por Francisco de Miranda. Su objetivo primordial no era la práctica del simbolismo ritual tradicional, sino actuar como comités revolucionarios secretos para socavar el dominio español.

Con el arribo de la Expedición Libertadora del general José de San Martín en 1821, y posteriormente del dictador Simón Bolívar en 1823, el movimiento cobró un impulso decisivo. Durante este periodo, brotaron talleres históricos esenciales que aún perviven:

  • Orden y Libertad (Fundada en 1822 bajo la influencia del prócer José Faustino Sánchez Carrión).
  • Virtud y Unión (Fundada en 1823).

Estas logias aglutinaron a intelectuales, militares criollos y políticos que redactaron las primeras cartas constitucionales del Perú, sembrando ideales ilustrados como la división de poderes, la libertad de imprenta y el laicismo.

2. El Caos Institucional y la Consolidación (1830–1882)

Tras la consolidación de la independencia, las logias peruanas dependían jurídicamente del Gran Oriente de Bogotá (Gran Colombia). La necesidad de una soberanía masónica nacional impulsó una serie de reformas institucionales que costó décadas estabilizar.

La primera autonomía

El 2 de noviembre de 1830, nueve masones investidos con el Grado 33 (el máximo escalafón del Rito Escocés Antiguo y Aceptado), liderados interinamente por el presbítero José María Monzón (excapellán del Ejército Libertador), establecieron el Supremo Consejo del Grado 33 para la República del Perú. Pocos meses después, el 23 de junio de 1831, se instaló el primer Gran Oriente del Perú, declarando ante las potencias mundiales que el territorio masónico peruano sería gobernado por autoridades nacionales.

El cisma y el Convento de Lausana

Durante mediados del siglo XIX, la convivencia entre el Supremo Consejo (que administraba los altos grados filosóficos) y las logias simbólicas (que trabajaban los tres primeros grados: Aprendiz, Compañero y Maestro) se tornó conflictiva. Hubo intentos de separación como la creación de la Gran Logia Nacional del Perú en 1857 por Manuel Cipriano Dulanto (entonces alcalde del Callao), pero fue tildada de irregular.

El punto de quiebre internacional ocurrió en septiembre de 1875 durante el Convento de Lausana (Suiza), una asamblea mundial de Supremos Consejos impulsada en gran medida por el masón peruano Antonio de Souza Ferreyra. Allí se determinó que los Supremos Consejos debían renunciar al gobierno de las logias simbólicas, otorgándoles total autonomía.

La fundación definitiva de la Gran Logia del Perú (1882)

Bajo esta nueva directriz internacional, y en pleno contexto de la ocupación de Lima durante la Guerra del Pacífico, el destacado jurista y político Antonio Arenas Merino convocó a las logias vigentes. El 25 de marzo de 1882 se fundó oficialmente la Gran Logia de los Antiguos, Libres y Aceptados Masones de la República del Perú (hoy conocida simplemente como la Gran Logia del Perú – GLP), asumiendo la jurisdicción exclusiva e independiente sobre la masonería simbólica del país.

3. Figuras Históricas Destacadas

La influencia masónica en la historia peruana se evidencia en la membresía de personajes ilustres de la política, las letras y la defensa nacional:

  • Políticos e Intelectuales: José de San Martín, Simón Bolívar, José Faustino Sánchez Carrión, y presidentes de la República como el propio Antonio Arenas o Ramón Castilla.
  • Héroes Nacionales: El almirante Miguel Grau Seminario (miembro de la Logia Cruz Austral Nº 12 de Piura) y el coronel Francisco Bolognesi formaron parte de los registros de la Orden, rigiendo sus vidas bajo los preceptos de fraternidad y filantropía.
  • Hombres de Letras: El tradicionista Ricardo Palma fue un miembro activo adjunto a la Logia Parthenon Nº 4 (antes llamada Orden y Reforma).

4. La Masonería en el Perú en la Actualidad

En el siglo XXI, la masonería peruana ha transitado de ser una sociedad de fuerte peso político y carácter reservado a consolidarse como una institución civil enfocada en el perfeccionamiento moral y la proyección social.

Estructura y Membresía

La Gran Logia del Perú (con sede central en el histórico Templo de la Avenida Alfonso Ugarte en Lima) es la potencia masónica regular y mayoritaria del país, reconocida por la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE). Alberga a más de un centenar de logias subordinadas distribuidas en todas las regiones del país, desde los valles del río Mantaro hasta la Amazonía peruana.

Diversificación y Apertura

  • Masonería Masculina Regular: Representada históricamente por la GLP, mantiene la tradición de admitir únicamente varones bajo la creencia en un Ser Supremo (Gran Arquitecto del Universo).
  • Masonería Femenina y Mixta: En las últimas décadas, en sintonía con las corrientes contemporáneas occidentales, han ganado terreno logias de obediencia mixta y exclusivamente femeninas (como la Gran Logia Femenina del Perú), que operan de manera independiente a la línea regular tradicional, pero bajo los mismos principios éticos y de libre pensamiento.

Rol Actual en la Sociedad Peruana

A diferencia del siglo XIX, los masones de hoy no actúan como un bloque político organizado. Su presencia se enfoca en dos vertientes:

  1. Filantropía y Asistencia: A través de patronatos, centros médicos de apoyo y programas de ayuda social en zonas vulnerables.
  2. Debate Académico y Ético: Espacios como el Congreso de la Masonería Peruana promueven la reflexión interna sobre la aplicación de los valores de justicia, laicidad, igualdad y defensa de los derechos humanos frente a las crisis de la sociedad moderna.

Pese a los mitos de conspiración que aún persisten en ciertos sectores conservadores, la masonería en el Perú actual se define públicamente como una escuela de filosofía y moral orientada a hacer de «un hombre bueno, un hombre mejor», manteniendo abiertas sus puertas a la investigación de historiadores y ciudadanos interesados en su patrimonio cultural.

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