La Masonería durante el Franquismo: Persecución, Represión y Antimasonería en España

Introducción: El Delito de Pensar en Escuadra y Compás

Pocas fijaciones políticas han sido tan devastadoras, quirúrgicas y prolongadas en la Europa del siglo XX como la que el régimen del general Francisco Franco ejecutó contra la Francmasonería. Mientras que otros totalitarismos continentales —como el nazismo alemán o el fascismo italiano— persiguieron a las logias de forma colateral dentro de su estrategia de disolución de los espacios civiles, en la España franquista el antimasonismo no fue una reacción secundaria. Se convirtió en un pilar ideológico identitario y fundacional de la dictadura, una bandera retórica que se mantuvo izada desde los primeros fusilamientos de 1936 hasta los últimos estertores del dictador en 1975.

Para cualquier espacio de divulgación masónica que busque analizar el pasado con rigor científico, la era del franquismo representa una lección histórica ineludible. Durante casi cuarenta años, portar un mandil, guardar un acta de tenida o haber pertenecido a una logia en la juventud dejó de ser un asunto de sociabilidad privada para transformarse en un crimen de alta traición. Un delito penado con la pérdida total de bienes, la muerte civil a través de la inhabilitación profesional, el presidio prolongado o la ejecución sumaria.

Sustentado de forma exclusiva en investigaciones historiográficas de indiscutible prestigio —entre las que destacan los trabajos fundamentales del profesor José Antonio Ferrer Benimeli, los estudios de Pere Sánchez Ferré y los fondos documentales del Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca—, este artículo desentraña la mitología del «Contubernio», el entramado legal de los tribunales especiales y el exilio de una fraternidad condenada a la clandestinidad.

1. La Construcción del Enemigo Invisible: El Mito del Contubernio

Para calibrar el alcance de la maquinaria represiva, primero hay que descodificar la mente del general Franco y de los teóricos del «Movimiento Nacional». La Masonería fue erigida en el chivo expiatorio absoluto de la historia de España: la mano negra detrás de la pérdida del Imperio colonial en 1898, el motor de la caída de la monarquía de Alfonso XIII y el cerebro en la sombra de la Segunda República.

1.1. Las Raíces de una Paranoia Bicentenaria

El antimasonismo de Franco no fue una invención espontánea; supuso la radicalización de una corriente reaccionaria de raíz católica que venía madurando desde el siglo XVIII, espoleada por las tesis del padre Agustín Barruel y consolidada en el XIX por plumas como la de Marcelino Menéndez Pelayo. En esta cosmovisión integrista, España era la «reserva espiritual de Occidente», y cualquier brisa de laicismo, liberalismo, librepensamiento o parlamentarismo racionalista era catalogada como una «infección extranjera».

El régimen fundió tres realidades incompatibles en un solo bloque enemigo: el judaísmo, la masonería y el comunismo. La flagrante contradicción de unificar en un mismo saco al gran capitalismo financiero (asociado falazmente al judaísmo por el antisemitismo de la época), la filosofía burguesa (la masonería) y la revolución proletaria (el marxismo) se disolvía mediante la propaganda del «Contubernio». La orden masónica era descrita como el tejido conectivo, el diplomático secreto que coordinaba estas fuerzas para desmoronarla identidad católica de España.

1.2. El General y su Avatar Literario: «Jakim Boor»

La obsesión personal del dictador quedó expuesta en 49 artículos incendiarios publicados en el diario oficial Arriba entre 1946 y 1951, camuflado bajo el pseudónimo de Jakim Boor (un crudo juego de palabras con Jakin y Boaz, las columnas del templo masónico). Estos textos, recopilados en el libro Masonería (1952), evidencian una mente absorbida por los detalles del ritual, las listas de nombres y las teorías de la conspiración.

Bajo este alias, Franco culpaba a las logias de manejar los hilos de los gobiernos británico y estadounidense, de organizar el aislamiento internacional de España tras la Segunda Guerra Mundial y de planificar magnicidios históricos como los de los presidentes Juan Prim o Antonio Cánovas del Castillo. La Masonería ya no era una escuela de pensamiento; era una transnacional del espionaje.

2. La Limpieza de Campo: La Violencia Sorda de la Guerra Civil (1936-1939)

La persecución contra los masones no esperó los despachos oficiales ni los códigos penales de la posguerra. Se desató con una violencia física, sumaria y devastadora desde el minuto uno del golpe de Estado de julio de 1936 en cada pueblo o capital que caía bajo el bando sublevado.

2.1. El Decreto de Burgos de 1936

El 15 de septiembre de 1936, la Junta de Defensa Nacional de Burgos —presidida, paradójicamente, por el general Miguel Cabanellas, de pasado y simpatías masónicas— emitió la primera gran orden de proscripción. El decreto situaba a la Francmasonería fuera de la ley, tildaba a sus miembros de traidores y ordenaba la incautación inmediata de sus templos, talleres, documentos y recursos económicos.

2.2. Sangre en los Talleres: La Caza Geográfica

En las zonas donde triunfó el alzamiento, la simple delación anónima o la aparición de una firma en una carta masónica equivalía a una sentencia de muerte.

  • En Galicia: Logias míticas como Renacimiento fueron barridas. En La Coruña o Vigo, la condición de militar y masón fue castigada con saña redoblada, interpretada por los tribunales militares como la traición definitiva al honor del uniforme.
  • En Andalucía: Bajo el virreinato de facto del general Gonzalo Queipo de Llano, el mapa masónico de Sevilla, Cádiz y Granada fue aniquilado. A través de sus famosas y siniestras alocuciones en Unión Radio Sevilla, Queipo lanzaba advertencias macabras contra los masones, equiparándolos con criminales de la peor estofa.
  • En Zaragoza: Los miembros de la logia Constancia sufrieron detenciones masivas y ejecuciones sumarias en los primeros meses del conflicto, diezmando la intelectualidad local.

Historiadores especializados apuntan que el número de personas fusiladas bajo la etiqueta de «masón» en esos primeros años superó con creces los censos reales de las logias en dichas provincias. La palabra «masón» se convirtió en un cómodo cajón de sastre judicial para eliminar a cualquier librepensador, republicano o rival incómodo.

3. La Institucionalización de la Venganza: El TERMC

Superada la crudeza de los frentes de guerra, el franquismo sustituyó los pelotones de fusilamiento por una maquinaria burocrática de una frialdad legal espeluznante. El cimiento de esta red judicial fue la promulgación, el 1 de marzo de 1940, de la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo.

3.1. Una Aberración Jurídica: La Retroactividad como Norma

Esta ley de 1940 es estudiada en las facultades de derecho como un ejemplo de manual de vulneración de los derechos humanos universales, pues violaba de frente el principio de no retroactividad de las leyes penales (Nullum crimen, nulla poena sine lege praevia).

La norma convertía en delito penal el haber pertenecido a la orden en cualquier momento del pasado, sin importar que el encausado se hubiera retirado de la logia décadas atrás o que su actividad se hubiese desarrollado bajo la más estricta legalidad constitucional durante los años de la Restauración o la República.

3.2. Grados, Penas y Muerte Civil

La ley medía el castigo con una balanza trucada donde haber alcanzado la madurez masónica equivalía a una condena mayor. Conseguir el Grado de Maestro o haber desempeñado una oficialidad en el taller se tipificaba como un agravante de primer orden.

  • Pena para Maestros y Oficiales: Reclusión mayor (de 12 a 20 años de prisión).
  • Pena para Aprendices y Compañeros: Reclusión menor (de 6 a 12 años).
  • El Castigo Accesorio: Inhabilitación perpetua para trabajar en la administración pública, la enseñanza, el periodismo o puestos directivos en la industria; confinamiento geográfico obligatorio y la confiscación total del patrimonio familiar.

3.3. La Fábrica de Expedientes del Tribunal Especial

Para procesar esta purga se fundó el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC). En sus salas, la presunción de inocencia no existía. Los informes emitidos por la Falange, las notas de la Guardia Civil y los certificados morales de los párrocos locales eran considerados verdades jurídicas incuestionables.

El TERMC llegó a abrir una cifra astronómica de expedientes: más de 80.000 carpetas de investigación. Si recordamos que el censo real de masones en la España de 1936 apenas rondaba los 5.000 o 6.000 miembros activos, queda claro que la maquinaria del tribunal duplicó nombres, persiguió homonimias y utilizó la sospecha de masonería para castigar a miles de simpatizantes del laicismo o la cultura democrática.

4. El Archivo de Salamanca: La Fábrica de la Inteligencia Antimasónica

Para dotar de datos de alta precisión al TERMC, el régimen montó un operativo de saqueo, incautación y clasificación de archivos sin parangón en la Europa del Sur: la Delegación Nacional de Servicios Especiales, integrada en la trama de la Causa General bajo la dirección de Marcelino de Ulibarri.

4.1. El Saqueo Sistemático de los Templos

A medida que las columnas franquistas ocupaban las ciudades republicanas (Madrid, Barcelona, Valencia, Gijón), escuadrones al mando de Ulibarri asaltaban las sedes masónicas antes de que los secretarios pudieran poner a salvo los archivos. Se requisaron de forma minuciosa:

  • Libros de arquitectura (actas manuscritas de las reuniones).
  • Planchas de afiliación, expedientes médicos, testamentos masónicos y fotos de familia.
  • Patentes de logias y correspondencia confidencial internacional.
  • Útiles del rito: malletes, espandones, escuadras, compases, mandiles de piel y estandartes bordados.

4.2. El Panóptico de San Ambrosio

Toda esa colosal cordillera de papel fue empaquetada en vagones de tren y enviada al Colegio de San Ambrosio, en la ciudad de Salamanca, naciendo la famosa Sección Especial.

Los archiveros de la dictadura cruzaron datos, actas y correspondencia para dar forma a millones de fichas individuales de control policial. Este no era un archivo histórico para investigadores; funcionaba como un cerebro de espionaje biográfico del cual la policía franquista y los tribunales de depuración extraían la información diaria para negar pasaportes, vetar empleos o dictar órdenes de captura.

4.3. El Teatro del Horror: El Templo de Exhibición de Salamanca

Uno de los testimonios más retorcidos del morbo ideológico del régimen fue la recreación exacta, entre los muros del propio Archivo de Salamanca, de una Logia masónica real, empleando los elementos litúrgicos robados a la Logia Mantua de Madrid y a varios talleres catalanes.

Este espacio permanecía vetado al público general. El régimen lo utilizaba como un decorado pedagógico secreto para aleccionar a jerarcas de la Falange, inspectores de policía y delegaciones policiales extranjeras (como los oficiales de la Gestapo de Heinrich Himmler durante su visita a España), exhibiendo los símbolos tradicionales como pruebas de una supuesta liturgia criminal.

5. El Éxodo y el Silencio: El Desmantelamiento de las Obediencias

La presión asfixiante del Estado borró del mapa las estructuras del Gran Oriente de España (GOE) y de la Gran Logia Española (GLE) en suelo peninsular. La única alternativa al presidio o al pelotón fue cruzar las fronteras.

5.1. Las Estaciones del Exilio

La diáspora masónica española se dispersó principalmente en tres direcciones geográficas:

  • México: Bajo la protección abierta del presidente Lázaro Cárdenas, el país azteca se convirtió en el gran santuario de la España peregrina. En 1943, el Gran Oriente de España logró reconstituirse formalmente en el exilio mexicano, manteniendo vivas las columnas y encendidas las luces de sus talleres en el destierro.
  • Francia: Las logias del mediodía francés (Toulouse, Perpiñán) sirvieron de refugio a los hermanos que escaparon por los Pirineos, muchos de los cuales se alistaron más tarde en la resistencia francesa contra la ocupación nazi.
  • El Cono Sur: Argentina y Uruguay recibieron a destacados juristas, médicos y profesores masones que se incorporaron a los talleres locales americanos, enriqueciendo el debate intelectual con su bagaje republicano.

5.2. El Invierno de la Inteligencia

El vaciado de las logias provocó un empobrecimiento intelectual y cultural incalculable para España. Dado que la orden había nucleado durante el primer tercio del siglo XX a una parte capital de la vanguardia científica, la medicina, la cátedra universitaria y la reforma pedagógica —muy en sintonía con la Institución Libre de Enseñanza—, su erradicación sumió al país en un largo invierno cultural monopolizado por la censura y el pensamiento único de la Iglesia contrarreformista.

6. La Obsesión Incombustible: Los Últimos Días de la Dictadura

A pesar de que en las décadas de 1960 y 1970 el franquismo ensayó un lavado de cara exterior (el Desarrollismo) para sintonizar con los créditos internacionales de la Guerra Fría, suprimiendo el TERMC en 1964 y delegando el control político en el Tribunal de Orden Público (TOP), la mente de Franco jamás evolucionó respecto a las logias.

Cada protesta laboral, cada foco de disidencia estudiantil o cada condena diplomática internacional contra las ejecuciones de la dictadura era despachada mecánicamente desde el Palacio de El Pardo como un ataque orquestado por la Masonería.

El testimonio definitivo de esta fijación inquebrantable ocurrió el 1 de octubre de 1975. Con un hilo de voz, a escasas semanas de su muerte, Franco pronunció su último discurso público en la Plaza de Oriente de Madrid, dejando como testamento político estas palabras:

7. Desmontando las Mentiras de la Propaganda Franquista

El eco de la propaganda de la dictadura fue tan persistente que algunas de sus leyendas urbanas siguen vivas en foros digitales, vídeos de consumo masivo y ensayos pseudohistóricos. Es imperativo desarmar estas falacias con datos en la mano:

7.1. El Mito del Despecho Personal: ¿Fue Franco Rechazado por las Logias?

Una teoría muy extendida defiende que la crueldad de Franco nació de una venganza de juventud. Se dice que solicitó ingresar dos veces en la orden (una en la Logia Lukus de Larache, en Marruecos, y otra en Madrid) y que los hermanos le dieron «bolas negras» (rechazo) debido a su ambición desmedida y su cuestionable ética militar.

A la luz de los análisis documentales del profesor Ferrer Benimeli, no existe el menor rastro, firma, acta o registro que sostenga esta hipótesis. Los libros de solicitudes de las logias africanas y peninsulares sobrevivieron al expolio y están catalogados en Salamanca; el nombre de Francisco Franco jamás figuró en ellos. Su antimasonismo no fue un trauma de juventud; fue una estrategia ideológica deliberada, un enemigo útil diseñado para mantener unida la amalgama de falangistas, carlistas y militares bajo el liderazgo de su figura.

7.2. La Absurda Ecuación de Masonería y Estalinismo

La prensa oficial del régimen insistió en fundir en un solo trazo al iniciado del mandil y al comisario soviético del fusil.

Esta pirueta retórica es históricamente falsa. La Masonería es una institución de raíz liberal, defensora de los derechos del individuo, la democracia parlamentaria, la propiedad privada y la separación de poderes; pilares incompatibles con el modelo totalitario soviético de la dictadura del proletariado. De hecho, la propia Unión Soviética persiguió y encarceló a los masones con el mismo celo que el franquismo, cumpliendo el decreto de la Tercera Internacional (Komintern) de 1922 que tachaba a las logias de herramientas de la burguesía. Los masones españoles fueron aplastados por los dos extremos ideológicos del siglo.

Conclusión: El Retorno de la Luz y la Memoria de Papel

La muerte de Franco y el complejo engranaje de la Transición devolvieron la legalidad a los talleres. No fue un camino fácil: el Ministerio del Interior postfranquista arrastró los pies e intentó vetar su inscripción, obligando a los hermanos a batallarse el derecho de existir en los tribunales hasta que el 19 de mayo de 1979 la orden fue restituida con todos sus derechos en el Registro de Asociaciones.

Hoy, las logias españolas desarrollan sus trabajos en libertad, democracia y paz constitucional. Aquellos 80.000 expedientes de persecución que aún descansan en los legajos de Salamanca ya no sirven para señalar a ningún ciudadano; se han transformado en monumentos de papel, testigos mudos de un tiempo de intolerancia absoluta que nos recuerdan el precio real de la libertad de conciencia y el deber permanente de pulir el respeto dentro de la sociedad civil.

Bibliografía de Contraste Histórico:

  1. Ferrer Benimeli, José Antonio (1980). El contubernio judeo-masónico-comunista: del tajo al flumen. Madrid: Istmo.
  2. Ferrer Benimeli, José Antonio (2012). La Masonería en la historia de España. Zaragoza: Gobierno de Aragón / Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME).
  3. Sánchez Ferré, Pere (1990). La represión de la masonería en España bajo el franquismo. Barcelona: Ediciones de la Gran Logia de España.
  4. Boor, Jakim [Francisco Franco] (1952). Masonería. Madrid: Gráficas Espejo. [Consultado como fuente primaria documental del discurso oficial de la dictadura].
  5. Boletín Oficial del Estado (BOE). Ley de 1 de marzo de 1940 sobre la Represión de la Masonería y el Comunismo. Gaceta de Madrid, nº 62.

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