La figura del general José de San Martín, el «Libertador de Argentina, Chile y el Perú», es una de las más monumentales e incontestables de la emancipación hispanoamericana. Sin embargo, detrás del genio militar que concibió el cruce de los Andes y la estrategia continental de liberación, yace un aspecto de su vida privada y política que ha desatado encendidas polémicas historiográficas durante más de un siglo: su pertenencia a la francmasonería y el papel real que jugaron las sociedades secretas en la independencia de América del Sur.
Para la historiografía liberal y tradicional del siglo XIX, liderada por figuras como Bartolomé Mitre, la filiación masónica de San Martín era un componente identitario e instrumental innegable de su gesta. En contraste, sectores revisionistas, nacionalistas y católicos han intentado históricamente relativizar, negar o resignificar este vínculo, reduciendo las organizaciones en las que participó a meros «clubes políticos» de carácter operativo y coyuntural.
¿Fue José de San Martín un masón de alta jerarquía que actuaba bajo los dictados de un plan continental diseñado en las logias de Londres y Cádiz? ¿O fue, por el contrario, un militar pragmático que utilizó la estructura operativa de las sociedades secretas con el único fin de coordinar una guerra de liberación nacional?
Basándonos estrictamente en fuentes académicas e historiográficas reconocidas —como las investigaciones de José Antonio Ferrer Benimeli, Patricia Pasquali, Emilio J. Corbière, Rodolfo Terragno y las actas documentales de la Gran Logia de Argentina—, este artículo desglosa la realidad histórica de San Martín frente al fenómeno masónico, desarmando los mitos y exponiendo los documentos definitivos.
1. La Juventud en España y la Iniciación en Cádiz
Para rastrear los orígenes del San Martín masón o paramasón, es obligatorio trasladarse a la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Allí, un joven oficial americano del ejército real español comenzaba a empaparse de las ideas ilustradas que circulaban de forma semiclandestina en la península ibérica.
La Logia Integridad de Cádiz
La inmensa mayoría de las fuentes historiográficas validadas coinciden en situar los primeros contactos formales de San Martín con la masonería en la ciudad portuaria de Cádiz, alrededor de 1808 y 1811. Cádiz era entonces la puerta de entrada de las ideas liberales británicas y francesas en España, un nido de resistencia contra la invasión napoleónica y el centro neurálgico del constitucionalismo español.
Según las investigaciones documentadas por el historiador masónico Emilio Corbière, San Martín fue iniciado en la Logia Integridad N° 7 de Cádiz. En este espacio de sociabilidad militar y política, el futuro Libertador se vinculó con otros jóvenes oficiales nacidos en América (criollos) y con liberales españoles que cuestionaban el absolutismo monárquico. Fue en este taller donde recibió los primeros grados simbólicos (Aprendiz, Compañero y Maestro Masón), adoptando el juramento de fraternidad y secreto que caracterizaba a la orden.
El Tránsito por Londres: La Gran Reunión Americana
En 1811, tras solicitar su baja del ejército español alegando que debía viajar a Lima para atender asuntos familiares, San Martín se dirigió en primer lugar a Londres. La capital británica era el refugio de los conspiradores hispanoamericanos que buscaban apoyo político y financiero para la causa emancipadora.
En Londres, San Martín permaneció cuatro meses clave. Allí se integró en la Sociedad de los Caballeros Racionales (también conocida popularmente en la literatura histórica como la Gran Reunión Americana), una organización de carácter secreto fundada originalmente por el precursor venezolano Francisco de Miranda.
«La sociedad de Miranda no era una logia masónica regular en el sentido dogmático u ortodoxo. Era una sociedad operativa y patriótica que adoptaba las formas, las jerarquías, los juramentos y los signos de reconocimiento de la masonería para garantizar la seguridad de sus miembros y la efectividad de sus planes políticos.» — José Antonio Ferrer Benimeli, especialista en historia de la masonería.
En las reuniones londinenses, San Martín coincidió con figuras de la talla de Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, Andrés Bello y Tomás Guido. Fue allí donde se trazó el esbozo del plan político-militar para regresar al Río de la Plata y organizar los ejércitos revolucionarios.
2. La Logia Lautaro de Buenos Aires: ¿Masonería Regular o Club Político?
A su llegada a Buenos Aires a bordo de la fragata británica George Canning en marzo de 1812, San Martín y sus compañeros se encontraron con un panorama político fragmentado y una revolución estancada. Para centralizar las decisiones y dar una dirección estratégica al proceso, fundaron de inmediato la célebre Logia Lautaro.
La naturaleza de la Logia Lautaro (nombrada así en honor al cacique mapuche que resistió a los conquistadores españoles en el siglo XVI) constituye el núcleo del debate académico nacional entre historiadores masones y profanos.
Características Operativas de la Lautaro
La Logia Lautaro funcionaba bajo un estricto reglamento secreto de carácter político-militar. Sus objetivos principales eran la independencia de la América española y la organización de gobiernos republicanos o constitucionales estables. No era una logia dedicada a la contemplación filosófica o al misticismo esotérico; era un órgano de dirección revolucionaria.
El historiador masónico argentino Alcibíades Lappas y la investigadora Patricia Pasquali coinciden en señalar las siguientes particularidades del reglamento lautarino:
- La disciplina interna: Los miembros de la logia que ocupaban cargos de gobierno estaban obligados a consultar con la logia antes de tomar decisiones de Estado trascendentales o nombramientos de ministros y generales.
- El secreto absoluto: La revelación de la existencia de la logia o de la identidad de sus miembros se castigaba con la muerte o el ostracismo político.
- El auxilio mutuo: Los hermanos se juraban fidelidad y soporte incondicional en el campo de batalla y en la arena política.
El Debate sobre su «Regularidad»
Historiadores de corte católico o revisionista argumentan que la Logia Lautaro no puede considerarse «masonería auténtica» debido a que no poseía una carta patente emitida por una Gran Logia regular (como la Gran Logia Unida de Inglaterra) y porque su único fin era la acción política y militar, algo explícitamente prohibido por los antiguos límites (landmarks) de la masonería universal.
Sin embargo, la historiografía moderna matiza que en el siglo XVIII y principios del XIX, la delimitación entre sociedades secretas políticas y logias masónicas era sumamente difusa, especialmente en el mundo ibérico e hispanoamericano. Las logias adoptaban un carácter operativo. Aunque no practicaran la masonería especulativa o ritualística tradicional de forma estricta, sus miembros eran masones iniciados en Europa que utilizaban la tecnología organizativa de la orden para llevar a cabo la emancipación.
3. La Red de Logias Lautarinas en el Plan Continental
La estrategia militar de San Martín no se limitaba a la defensa de las Provincias Unidas del Río de la Plata; comprendía la destrucción del poder realista en su epicentro: el Virreinato del Perú. Para ejecutar este plan, San Martín replicó la estructura de la Logia Lautaro en cada territorio que pisó, creando una red de inteligencia y coordinación política sin parangón en la historia americana.
La Logia de Lautaro en Mendoza (Ejército de los Andes)
Durante su etapa como Gobernador de la Intendencia de Cuyo (1814-1816), instalada en Mendoza, San Martín fundó una filial de la Logia Lautaro. Este taller funcionó como el verdadero Estado Mayor político del Ejército de los Andes.
A través de la logia, San Martín coordinaba la recolección de fondos, la fabricación de armas con el Hermano Fray Luis Beltrán, y las operaciones de contraespionaje y «guerra de zapa» (desinformación) destinadas a engañar a las autoridades realistas en Chile sobre el lugar exacto por donde cruzarían las columnas del ejército patriota.
La Logia Lautaro de Santiago de Chile
Tras las victorias de Chacabuco (1817) y Maipú (1818), San Martín y Bernardo O’Higgins instalaron la Logia Lautaro en Santiago de Chile. Esta organización asumió el control político del Estado chileno naciente.
| Aspecto Institucional | Rol de la Logia Lautaro en Chile |
| Poder Ejecutivo | Consolidó el nombramiento de Bernardo O’Higgins como Director Supremo, miembro de alta jerarquía de la logia. |
| Financiamiento Militar | Coordinó de manera secreta la obtención de recursos y la compra de barcos en Inglaterra y Estados Unidos para la creación de la Escuadra Libertadora del Perú. |
| Justicia Política | La historiografía le atribuye (no sin polémica) la decisión de ejecutar a los hermanos Carrera y a Manuel Rodríguez, vistos como elementos facciosos que ponían en riesgo la unidad del plan emancipador continental. |
4. El Encuentro de Guayaquil: Dos Masones Cara a Cara
Uno de los misterios más persistentes de la historia sudamericana es la conferencia secreta celebrada en Guayaquil los días 26 y 27 de julio de 1822 entre José de San Martín y Simón Bolívar. Los dos máximos Libertadores del continente se reunieron a puerta cerrada, a solas y sin actas oficiales, para decidir el destino de la guerra de la independencia y el futuro político de América.
La Interpretación Masónica de Guayaquil
Dado que ambos próceres eran masones demostrados por la documentación histórica, la historiografía masónica ha sostenido tradicionalmente que las deliberaciones de Guayaquil se guiaron bajo un estricto código de ética fraternal. Ante el estancamiento militar en el Perú y la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre quién debía comandar el ejército unido, San Martín tomó una decisión de desprendimiento personal que muchos historiadores atribuyen a sus convicciones masónicas: ceder el mando y la gloria a Bolívar para no entorpecer el fin supremo de la independencia.
El historiador y diplomático argentino Rodolfo Terragno, en su exhaustivo estudio Diario de Guayaquil, desmitifica en parte las lecturas puramente masónicas o esotéricas del encuentro, demostrando que primaron razones políticas, geopolíticas y militares muy concretas: Bolívar contaba con el respaldo de un ejército fresco y una nación fuerte (la Gran Colombia), mientras que San Martín enfrentaba el vacío político en Lima y la falta de apoyo económico desde Buenos Aires.
Con todo, el respeto mutuo y el posterior silencio inquebrantable de San Martín sobre los detalles de la discusión reflejan la conducta de un hombre habituado a la discreción y los juramentos de honor propios de las logias de la época.
5. El Exilio en Europa y los Vínculos con la Masonería Belga y Francesa
Tras retirarse de la vida pública en América, San Martín partió al exilio en Europa en 1824. Su periplo por el viejo continente aporta las pruebas documentales más irrefutables y explícitas sobre su condición de masón regular, fuera del debate de la operatividad política de las logias lautarinas americanas.
La Medalla de la Logia de Bruselas (1825)
Instalado en Bruselas (entonces parte del Reino Unido de los Países Bajos), San Martín se vinculó activamente con los círculos liberales y artísticos locales. En 1825, la respetable logia La Parfaite Amitié (La Perfecta Amistad) de Bruselas decidió rendir un homenaje extraordinario al Libertador del Sur.
La logia mandó a acuñar una medalla conmemorativa de oro y bronce con la efigie de José de San Martín de perfil, diseñada por el célebre grabador Jean-Henri Simon. Las actas de la logia belga y la propia existencia física de esta medalla (cuyos ejemplares se conservan en museos de Argentina y Europa) constituyen la prueba documental estándar de la masonería regular para demostrar que San Martín era reconocido internacionalmente como un «Hermano» de pleno derecho por los talleres del Viejo Mundo.
El simbolismo de la medalla: El reverso de la pieza ostenta símbolos netamente masónicos —el compás, la escuadra, la plomada y el nivel— entrelazados con una leyenda de reconocimiento a sus virtudes cívicas y militares en América.
Los Últimos Años en Boulogne-sur-Mer
Durante sus décadas de exilio en Francia (viviendo en Grand Bourg y finalmente en Boulogne-sur-Mer), San Martín mantuvo correspondencia y estrechos lazos de amistad con reconocidos masones locales y americanos expatriados, como Alejandro Aguado (su albacea filantrópico y financiero, aristócrata y masón de alta jerarquía) y Mariano Balcarce, su yerno, quien también pertenecía activamente a la orden.
A su muerte, acaecida el 17 de agosto de 1850, el inventario de sus bienes personales y las crónicas de sus allegados no hicieron exhibición de parafernalia masónica mística, lo que concuerda con el perfil de un hombre austero, republicano y sumamente reservado con su intimidad institucional.
6. Historiografía y Reconocimiento Institucional Actual
Hoy en día, la posición oficial de la academia histórica y de la propia institución masónica en la República Argentina está unificada en torno al reconocimiento pleno de la condición masónica de José de San Martín, aunque despojada de las exageraciones místicas del pasado.
La Declaración de la Academia Nacional de la Historia
La Academia Nacional de la Historia de la República Argentina ha dictaminado en diversas oportunidades que, si bien la Logia Lautaro poseía un fin político predominante que la diferenciaba de las logias especulativas tradicionales inglesas, sus fundadores y su andamiaje organizativo formaban parte de la red de sociabilidad masónica continental de la época de las revoluciones burguesas.
Por su parte, la Gran Logia de la Masonería Argentina (fundada formalmente en 1857) considera a José de San Martín, junto a Manuel Belgrano, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, como uno de los padres fundadores de la patria y un baluarte moral de la orden en el Cono Sur. Anualmente se realizan tenidas (reuniones) magnas de homenaje en su memoria, y numerosas logias a lo largo y ancho de América del Sur llevan con orgullo su nombre.
Conclusión: El Legado de un Masón Sin Dogmas
La trayectoria de José de San Martín demuestra que la masonería de principios del siglo XVIII no funcionaba como un gobierno mundial oculto o una sociedad de conspiración maquiavélica, sino como una herramienta institucional de vanguardia para la difusión y ejecución de los ideales de la Ilustración: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
San Martín encontró en las logias:
- Una red de contactos internacionales que le permitió transitar de España a América con seguridad y apoyo logístico.
- Un modelo de organización secreto y disciplinado, indispensable para burlar el espionaje absolutista español y centralizar el mando de una revolución en ciernes.
- Una filosofía moral y republicana que guio sus decisiones políticas más loables, como el rechazo a coronarse monarca en el Perú, la promoción de la educación pública en cada ciudad liberada y su profundo respeto por la autodeterminación de los pueblos americanos.
Despojado del mito del complot internacional y de la negación interesada de los sectores conservadores, el veredicto de la historia es definitivo: José de San Martín fue un masón operativo y regular que puso las herramientas y los valores de la antigua fraternidad al servicio del nacimiento de las naciones libres de la América del Sur.
Fuentes Bibliográficas y Documentales de Referencia
- Mitre, Bartolomé: Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. Buenos Aires, 1887.
- Ferrer Benimeli, José Antonio: La Masonería Española e Hispanoamericana en el siglo XIX. Universidad de Zaragoza, 1993.
- Pasquali, Patricia: San Martín: La fuerza de la misión y la soledad de la gloria. Planeta, Buenos Aires, 1999.
- Corbière, Emilio J.: La Masonería: Política y Sociedades Secretas en la Argentina. Sudamericana, Buenos Aires, 1998.
- Terragno, Rodolfo: Diario de Guayaquil. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006.
- Lappas, Alcibíades: La Masonería Argentina a través de sus hombres. Buenos Aires, 1966.
∴ El Boletín masónico (Newsletter).
Forma parte de una comunidad unida por el libre pensamiento y la búsqueda de la verdad.
